NotaNota sobre el marco geopolítico general
Dada la naturaleza de este objeto de estudio, las fuentes disponibles provienen mayoritariamente de actores directamente implicados en la disputa. El trabajo no parte de la premisa de que exista una versión neutral de los hechos, sino que analiza cómo cada actor construye su propia narrativa de legitimidad.
IntroducciónIntroducción general
El presente trabajo se organiza en cinco partes que responden a una progresión analítica deliberada: partir del marco conceptual más amplio, descender al actor que constituye el objeto central del estudio, examinar su despliegue concreto en la región, analizar las respuestas que ese despliegue genera, y cerrar con una evaluación de efectos y perspectivas.
- La primera parte establece el marco geopolítico general. No se trata de una exposición teórica autónoma, sino de un conjunto de herramientas conceptuales que serán utilizadas a lo largo de todo el trabajo. En ella se define qué se entiende por geopolítica de la tecnología, se precisan los conceptos operativos —soberanía tecnológica, dependencia asimétrica, autonomía estratégica, poder de infraestructura— y se sitúa la IA como objeto de disputa hegemónica global entre Estados Unidos y China. Esta primera parte culmina con el análisis de los dos proyectos rivales de orden tecnológico —Pax Silica y WAICO— y de las narrativas con que cada bloque construye su legitimidad y deslegitima al adversario.
- La segunda parte se desplaza del marco global al actor chino. Examina los motores estratégicos que impulsan su política de IA, la arquitectura institucional que ha construido para proyectarla internacionalmente, los compromisos de recursos que ofrece a los terceros espacios y los instrumentos concretos mediante los cuales esos compromisos se ejecutan. El lector encontrará aquí referencias a WAICO y a la disputa con Estados Unidos que ya aparecieron en la primera parte; no se trata de repeticiones, sino de un cambio de nivel analítico: lo que en 1.5 se presentaba como
- La tercera parte desciende al terreno de la implementación en América Latina. Analiza los mecanismos mediante los cuales la estrategia china se materializa en la región: la infraestructura digital como paso previo, la penetración en escenarios de aplicación industrial y la adaptación tecnológica localizada con cooperación en talento. El foco está puesto en los casos concretos —centros de datos, redes 5G, agricultura inteligente, puertos, comercio electrónico— y en los vehículos empresariales e institucionales que los hacen posibles.
- La cuarta parte invierte la mirada: de la estrategia china a las respuestas latinoamericanas. Examina la heterogeneidad de las posiciones estatales en la región, la lógica de las elecciones estratégicas que las sustentan y las tensiones y límites que la cooperación enfrenta. Esta parte responde a una convicción metodológica: América Latina no es un receptor pasivo de la política china, sino un conjunto de actores con intereses, capacidades y márgenes de maniobra propios.
- La quinta parte cierra el trabajo con una evaluación de efectos geopolíticos y perspectivas. Retoma la pregunta planteada en 1.4: ¿es América Latina sujeto o escenario de esta geopolítica? y la responde a la luz de lo analizado en las partes anteriores. Examina la competencia chino-estadounidense en la región, el posicionamiento latinoamericano entre ambos bloques y las perspectivas de una cooperación que pase de la exportación de infraestructura a la construcción conjunta de capacidades.
El hilo que recorre las cinco partes es, por tanto, un movimiento de escalas: de lo global a lo regional, de la estrategia a la implementación, y de la implementación a las respuestas y los efectos. Cada parte conserva autonomía analítica, pero solo adquiere pleno sentido en relación con las demás.
Parte PrimeraEl interés geopolítico de China por la IA en América Latina
1.1 La geopolítica como campo: del territorio clásico a los nuevos dominios
Nos preguntamos por qué las herramientas de la geopolítica clásica, aunque necesarias, resultan insuficientes para leer la disputa por la IA y qué desplazamiento conceptual exige el objeto de este trabajo.
La geopolítica nació como disciplina a finales del siglo XIX y principios del XX, en un contexto de competencia imperial y expansión territorial.
- Friedrich Ratzel introdujo la idea del Lebensraum o “espacio vital”, concibiendo al Estado como un organismo que crece y se expande para garantizar su supervivencia.
- Halford Mackinder dio el giro más influyente con su teoría del Heartland, donde afirma que quien controlara el corazón continental euroasiático dominaría la “Isla Mundial” y el planeta entero.
- Nicholas Spykman corrigió a Mackinder, desplazando el foco hacia el Rimland, la franja costera que rodea Eurasia.
- Finalmente, Alfred Mahan añadió la dimensión marítima al argumentar que el dominio de los mares constituía el factor decisivo del poder estatal.
Estas teorías compartían el supuesto de que el poder se disputaba sobre territorio físico y quien controlaba los espacios geográficos estratégicos —pasos obligados, rutas marítimas, zonas de recursos— controlaba el sistema internacional. La geopolítica clásica fue una gramática del control territorial.
Esa gramática sigue siendo útil para leer ciertas dimensiones de la competencia contemporánea ya que las tensiones entre Estados Unidos, China y Rusia reflejan todavía lógicas de control regional y proyección de poder que Mackinder o Spykman habrían reconocido.
Pero la IA introduce un desplazamiento que las categorías clásicas no capturan. El poder ya no se disputa únicamente en el espacio físico, sino en capas superpuestas de infraestructura, estándares y datos que no coinciden con las fronteras territoriales.
La geopolítica contemporánea se ha ampliado más allá del territorio para incluir dimensiones económicas, tecnológicas, culturales y jurídicas. El ciberespacio, los semiconductores, los cables submarinos, los centros de datos y los modelos de lenguaje se han convertido en los nuevos teatros de confrontación.
Como señala un análisis del Asia Experts Forum, la IA es una “tecnología de pila completa”, que abarca desde la infraestructura y la energía hasta los modelos y las aplicaciones. Su competencia refleja lo que los académicos llaman weaponized interdependence, o sea el control de los puntos de estrangulamiento clave en las cadenas de suministro globales se traduce directamente en influencia geopolítica.
El desplazamiento analítico que proponemos es que la geopolítica de la IA no sustituye a la geopolítica clásica, pero la desplaza de su eje territorial:
- Quien controle los minerales críticos controla la capa física de la IA;
- quien controle los semiconductores avanzados controla la capa de cómputo;
- quien controle los modelos de frontera y los estándares controla la capa de gobernanza.
La disputa no es por los espacios geográficos en el sentido mackinderiano, sino por las posiciones en una arquitectura tecnológica jerárquicacuyas capas tienen dueños distintos y geografías distintas.
Esta es la razón por la que este trabajo no puede limitarse a aplicar categorías clásicas. La IA es una “tecnología de propósito general” con efectos geopolíticos transversales, no es un sector económico más, sino una infraestructura que condiciona la productividad, la capacidad militar, la gobernanza y la producción de conocimiento.
Leerla con las herramientas de 1904 sería como leer la Guerra Fría con las herramientas de la navegación a vela. La geopolítica clásica ofrece el vocabulario del poder mientras que una geopolítica de la IA exige, además, la gramática de las capas, los estándares y las dependencias asimétricas.
1.2 Conceptos operativos del trabajo
El trabajo define cinco categorías, formulándolas con su carga polémica y no como definiciones neutras de manual.
No partimos desde una teoría general de las relaciones internacionales, sino desde un conjunto acotado de conceptos que permiten leer la disputa por la IA en América Latina. Las categorías no son intercambiables ni equivalentes, cada una ilumina una dimensión distinta del objeto y conforman la caja de herramientas analítica que se aplicará desde la segunda parte hasta la quinta.
- Soberanía tecnológica: este concepto designa la capacidad de un Estado para decidir sobre las tecnologías que utiliza, los datos que genera y las infraestructuras que lo sostienen, sin depender de proveedores externos que puedan condicionar esas decisiones. Es un concepto disputado porque cada actor lo define en función de su propia posición de interés. China lo invoca para justificar su ruptura con la dependencia de semiconductores estadounidenses. Brasil y otros países latinoamericanos lo invocan para reclamar el derecho a no quedar subordinados a ningún bloque. La Unión Europea lo usa para hablar de “autonomía estratégica abierta”. En estos tres casos la soberanía tecnológica no es un estado que se posea, sino un proceso de construcción permanente en el que las dependencias se negocian. La pregunta relevante no es si un país “tiene” soberanía tecnológica, sino qué márgenes de decisión conserva para sí frente a los proveedores externos de infraestructura y modelos de IA.
- Dependencia e interdependencia asimétrica: la tradición conceptual de centro-periferia —desde Prebisch y la CEPAL hasta las teorías de la dependencia de los años sesenta y setenta— sostuvo que la posición de América Latina en la economía mundial se definía por su subordinación a los centros industrializados. Esa lectura fue criticada por esquemática, pero todavía conserva un cierto poder analítico cuando se la relee en clave digital. La interdependencia entre los actores desiguales no es simétrica, porque quien controla la infraestructura puede imponer condiciones al otro que la utiliza. En la era de la IA, la asimetría se manifiesta en la propiedad de los centros de datos, el control de los chips avanzados, la titularidad de los modelos de frontera y la capacidad de fijar estándares.
- Autonomía estratégica: a diferencia de la soberanía tecnológica, que pone el acento en el control, la autonomía estratégica pone el acento en la capacidad de elección. Un actor es autónomo cuando puede decidir entre alternativas sin que ninguna de ellas le sea impuesta por la estructura de poder. Este concepto es especialmente relevante para el caso brasileño, que ha declarado explícitamente su voluntad de “no depender de un único modelo tecnológico” y de mantener diálogo simultáneo con China y con Occidente. La autonomía estratégica no exige autarquía —producir todo internamente— sino capacidad de negociación, lo que implica capacidad de ejercer poder: contar con opciones suficientes para que ningún proveedor pueda imponer condiciones leoninas. Es, por tanto, un concepto relacional y relativo.
- Tecnonacionalismo vs. multilateralismo tecnológico: estas dos gramáticas estructuran hoy la disputa global por la IA. El tecnonacionalismo concibe la tecnología como un instrumento de poder estatal, prioriza la seguridad nacional sobre la cooperación y tiende a organizar el orden tecnológico en bloques excluyentes. El multilateralismo tecnológico concibe la IA como un bien común que requiere gobernanza compartida, estándares interoperables y transferencia de capacidades hacia los países con menor desarrollo. Estados Unidos y China invocan ambas gramáticas según el contexto. Mientras Washington habla de un “orden basado en reglas” cuando critica a China, actúa con lógica de bloque cuando restringe la exportación de chips. Mientras Pekín habla de “comunidad de futuro compartido” cuando se dirige a los terceros espacios, pero despliega controles internos sobre su propio ecosistema de IA. La distinción es analíticamente útil porque permite desenmascarar los dobles discursossin caer en la simetría falsa de “todos hacen lo mismo”.
- Poder de infraestructura (infrastructure power): es un concepto desarrollado en los estudios sobre plataformas y gobernanza digital que sostiene que quien despliega la capa física condiciona la capa aplicativa. Los centros de datos, las redes 5G, los cables submarinos y las plataformas de nube no son infraestructura neutral, sino que definen dónde se almacenan los datos, bajo qué jurisdicción se procesan, qué latencia tienen las aplicaciones y qué proveedores pueden operar sobre ellos. En el caso de la IA, el poder de infraestructura se ejerce en tres niveles: el cómputo (chips y centros de datos), la conectividad (5G y redes) y la nube (servicios de almacenamiento y procesamiento). Quien controla estos tres niveles controla las condiciones materiales sobre las que se construye cualquier aplicación de IA. Es el concepto que mejor explica por qué la inversión china en centros de datos en Chile, Brasil y México es un dato importante, porque es la base geopolítica de sustentación de todo el resto.
Estos cinco conceptos no operan uno por uno. La soberanía tecnológica es inalcanzable sin poder de infraestructura; la autonomía estratégica depende de la capacidad de diversificar proveedores; el multilateralismo tecnológico es la gramática que China invoca para legitimar su expansión, mientras el tecno- nacionalismo es la práctica con que Estados Unidos intenta contenerla.
1.3 La IA como objeto de disputa geopolítica global
Buscamos explicar por qué la IA no puede entenderse como una tecnología más, sino como el objeto central de la competencia entre grandes potencias, y mostrar que esa competencia se libra en tres capas simultáneas: cómputo, estándares y gobernanza.
La inteligencia artificial no se desarrolla en un espacio geopolítico neutro. Nace en una red de interdependencias ya fuertemente armamentizada, y cada avance en sus distintos niveles redistribuye posiciones de poder. Entender la IA como objeto de disputa geopolítica global implica reconocer que posee tres atributos simultáneos: es una tecnología de productividad económica, unmultiplicador de capacidades militaresy unaherramienta de construcción de orden.
Esa triple condición impide reducir la competencia a una simple disputa de cuotas de mercado cuando en realidad se trata de quién define las reglas del orden internacional del siglo XXI.
- Primera capa: el cómputo y los cuellos de botella físicos de la cadena de suministro. La producción mundial de chips avanzados de IA está altamente concentrada. TSMC fabrica alrededor del 90% de los chips más avanzados del mundo, lo que convierte al estrecho de Taiwán en el nodo más frágil de toda la economía de la IA. Los controles estadounidenses sobre la exportación de chips, endurecidos desde 2018, buscan precisamente explotar ese cuello de botella para frenar el desarrollo de modelos de frontera en China. Pekín responde con un esfuerzo estatal masivo por construir una cadena de semiconductores propia, pero su empresa líder, Huawei, aún se encuentra “a varios años de distancia” de producir chips comparables a los de Nvidia. Esa asimetría física es el punto de partida de toda la geopolítica de la IA porque quien controla los chips controla el techo de velocidad del desarrollo. Al mismo tiempo, Estados Unidos invierte cientos de miles de millones de dólares en desconcentrar la capacidad taiwanesa —el proyecto de 165 mil millones de TSMC en Arizona, las plantas de Intel en Ohio y Arizona, la inversión de Samsung en Texas—. Pero los expertos del sector describen esos esfuerzos como un “respaldo parcial” y no como un reemplazo. Y advierten sobre el desfasaje entre los tiempos de construcción y la velocidad de iteración de los modelos de IA.
- Segunda capa: la carrera por los modelos de frontera y la construcción narrativa. El informe AI Index 2026 de la Universidad de Stanford liberó una señal de gran valor simbólico al informar que la brecha de rendimiento entre los mejores modelos chinos y estadounidenses “se ha cerrado efectivamente”. Hubo una alternancia en la cima desde principios de 2025 y una ventaja estadounidense de apenas 2,7% en marzo de 2026. Los medios
- Tercera capa: estándares, normas y arquitectura de gobernanza. Es la capa de mayor densidad normativa y mayor número de actores. Los principios de IA de la OCDE, adoptados en 2019, han sido suscritos por 47 signatarios. La UE, Estados Unidos y Naciones Unidas han incorporado la definición de sistema de IA de la OCDE en sus marcos legislativos y regulatorios. Pero el marco de la OCDE no es un estándar técnico neutro: incorpora un vocabulario liberal de “IA confiable”, “derechos humanos” y “valores democráticos” que constituye, en sí mismo, un instrumento de poder normativo. La cumbre de París de 2025 reunió a 58 países en torno a una declaración de “apertura, inclusión y ética” y el G7 aprobó un código de conducta y una hoja de ruta de adopción. Sin embargo, la señal más significativa apareció en septiembre de 2026 cuando 22 líderes —impulsados por potencias medias como Alemania, Canadá, Australia y Singapur— publicaron en el marco de la Asamblea
Estas tres capas no operan por separado. El control de los chips condiciona la velocidad del desarrollo de modelos; la velocidad del desarrollo condiciona la capacidad de fijar estándares; la capacidad de fijar estándares condiciona la legitimidad de los proyectos de orden global. Cada capa alimenta a las demás y quien queda excluido de una queda en desventaja en las siguientes. Esa es la razón por la que la disputa por la IA no admite lecturas sectoriales. Porque es, simultáneamente, una disputa industrial, militar, normativa y narrativa. O sea, una disputa geopolítica.
Podemos concluir que la competencia por la IA posee tres características estructurales: es multicapa, depende de cuellos de botella y tiene una dimensión institucional explícita. Cualquier análisis de una región concreta —América Latina por ejemplo— debe examinar las tres: quién provee la infraestructura de cómputo, quién controla los nodos críticos de la cadena de suministro y quién disputa la definición de las reglas de gobernanza.
1.4 Por qué América Latina importa en esta disputa
América Latina no es un espectador pasivo ni una periferia irrelevante en la geopolítica de la IA, sino un territorio con tres activos estratégicos que la convierten en objeto de disputa: minerales críticos, datos y posición geográfica.
La pregunta es aparentemente simple: ¿por qué habría de importarle a China —o a Estados Unidos— lo que ocurre con la IA en América Latina? La respuesta no está en el tamaño del mercado. América Latina y el Caribe representan aproximadamente el 6,6% del PIB mundial y el 8,8% de la población, pero absorben apenas el 1,12% de la inversión global en inteligencia artificial.
Desde una lógica estrictamente comercial, la región no justificaría una atención geopolítica sostenida. La razón por la que la región importa que concentra activos que la disputa por la IA los vuelve estratégicos. Son tres:
Primer activo: los minerales críticos. La IA no funciona sin chips y los chips no funcionan sin minerales. América Latina concentra cerca del 40% de la producción mundial de cobre, alrededor del 60% de las reservas internacionales de litio y el 90% de la producción mundial de niobio. El “triángulo del litio” —Chile, Argentina y Bolivia— contiene aproximadamente la mitad de los recursos mundiales. Brasil posee las segundas reservas de tierras raras después de China y el valor estimado de esas reservas equivale al doble del PIB brasileño.
La conexión con la IA no puede ser más directa. El cobre es esencial para la infraestructura eléctrica que requieren los centros de datos; el litio lo es para el almacenamiento energético que sostiene su operación; las tierras raras lo son para los semiconductores y componentes electrónicos avanzados; el grafito es esencial para las baterías que respaldan la continuidad del suministro. Sin estos minerales, no hay transición energética, no hay semiconductores avanzados y no hay infraestructura digital capaz de sostener la economía del siglo XXI.
Pero América Latina posee las reservas, no la capacidad de procesamiento. Más del 70% del litio extraído en Chile se refina en China y casi el 90% de la manufactura global de celdas de batería está en territorio chino. La región vende materia prima y compra productos terminados. El mineral en el subsuelo, como señala un análisis de REDIMIN, “no es poder; es potencia. Se vuelve poder cuando una sociedad lo transforma en refinación, celdas, redes eléctricas, electrónica de potencia, software”.
Segundo activo: los datos. La IA se alimenta de datos y América Latina produce datos que ningún otro actor puede generar: español y portugués como lenguas nativas, información demográfica, patrones de consumo, datos agrícolas, climáticos y de salud de una región de 650 millones de habitantes. En la geopolítica de la IA, los datos son el recurso que se extrae sin que el territorio que los produce reciba compensación. Una columna de El Espectador lo formula con precisión: “la industria tecnológica mira para otro lado, quiere acceso al nuevo activo más valioso: las bases públicas de datos”.
Estados Unidos ya está actuando en consecuencia. Los Agreement on Reciprocal Trade (ART) que Washington negocia con los países latinoamericanos no solo reducen aranceles: establecen reglas sobre flujo transfronterizo de datos, limitan la capacidad de los Estados de exigir almacenamiento local o auditar algoritmos e impiden impuestos a los servicios digitales. En la práctica, un país que firme un ART tendría “poco margen de acción” para desarrollar su infraestructura nacional de nube o imponer requisitos de transparencia algorítmica. Lo que está en juego, señala la misma fuente, es “el margen de autonomía de nuestros países para decidir cómo regular la IA, quién puede acceder a los datos públicos y bajo qué condiciones”.
China, por su parte, accede a los datos latinoamericanos a través de la infraestructura que despliega. Los centros de datos de Huawei en Chile y de Alibaba en Brasil y México no solo almacenan datos locales, sino que los integran en ecosistemas que operan bajo estándares y protocolos chinos. El acceso a datos es, en ambos casos, el objetivo real detrás de la competencia por infraestructura.
Tercer activo: la posición geográfica y la conectividad. América Latina no es solo un territorio de extracción y generación de datos: es un nodo logístico y de conectividad. El canal de Panamá concentra cerca del 5% del comercio marítimo global. La Zona Libre de Colón opera como centro de redistribución de mercancías para toda la región. Los cables submarinos que conectan América con Asia y Europa pasan por el Atlántico y el Pacífico latinoamericanos. Y los proyectos de cable transoceánico en los que participan empresas chinas —como el cable Humboldt que conectará Chile con Asia— reposicionan a la región como punto de interconexión digital, no solo como un destino final de infraestructura.
Esta posición geográfica explica por qué Estados Unidos lanzó en Panamá una plataforma piloto de acreditación y trazabilidad de la cadena de suministro de IA — la primera de este tipo en el mundo— orientada a verificar el origen y el estatus de cumplimiento de cargamentos de infraestructura de IA, semiconductores y minerales críticos.
El proyecto, según los medios citados por la Cancillería china, “ayuda al control estadounidense de las cadenas industriales y de suministro tecnológicos, así como al bloqueo tecnológico contra China”. Panamá no fue elegida al azar, es el nodo donde se cruzan las rutas comerciales y los flujos de infraestructura tecnológica entre Asia y América.
La pregunta consiste en que estos tres activos —minerales, datos, posición geográfica— convierten a América Latina en un territorio estratégico para la disputa entre Estados Unidos y China por la IA. Pero el hecho de que la región sea estratégica no implica que sea poderosa. Ser un territorio en disputa no es lo mismo que ser un actor con agencia.
Surge la gran pregunta de si América Latina es sujeto o escenario de esta geopolítica.¿Tiene capacidad de negociar condiciones, exigir transferencia tecnológica, construir cadenas de valor propias, o es el lugar donde las potencias extraen minerales, capturan datos y despliegan infraestructura sin que los beneficios se traduzcan en capacidades locales?
La respuesta no es una disyuntiva binaria. Algunos países latinoamericanos están intentando activamente convertir su posición estratégica en poder de negociación.
- Brasil lanzó un Plan Brasileño de IA con 23.000 millones de reales en inversión y objetivos explícitos de soberanía tecnológica, incluido el desarrollo de un supercomputador de alto rendimiento y modelos de lenguaje en portugués.
- Chile cuenta con una Política Nacional de IA desde 2021 y busca convertirse en “puerto digital” de la región.
Pero otros países están firmando acuerdos comerciales que, en la práctica, limitan su margen regulatorio y consolidan el acceso de empresas estadounidenses a sus datos públicos.
1.5 La IA como eje de la disputa hegemónica global: Estados Unidos, China y los terceros espacios
La disputa por la IA no es una competencia técnica entre empresas o laboratorios, sino una confrontación entre dos proyectos de orden global que buscan organizar el mundo tecnológico en torno a sus respectivos estándares, alianzas y narrativas de legitimidad. América Latina es uno de los territorios donde esa confrontación se libra con mayor intensidad.
1.5.1 La rivalidad estructural chino-estadounidense en IA
La competencia entre Estados Unidos y China por la IA no es una disputa sectorial más. Ambas potencias comparten la percepción de que el liderazgo en esta tecnología definirá quién ocupa la posición dominante en el orden internacional del siglo XXI. Esa percepción mutua convierte cada avance en una señal geopolítica y cada retraso es una vulnerabilidad estratégica.
Las asimetrías actuales son significativas, pero no estáticas. Estados Unidos mantiene una ventaja sustancial en chips avanzados y modelos de frontera. La inversión privada estadounidense en IA alcanzó los 285.900 millones de dólares en 2025, más de veinte veces el total declarado por China. Sin embargo, como ya mencionamos, el informe AI Index 2026 de Stanford registró un dato de alto valor simbólico al afirmar que la brecha de rendimiento entre los mejores modelos chinos y estadounidenses “se ha cerrado efectivamente”.
China compensa su desventaja en chips con una estrategia de modelos abiertos y eficiencia algorítmica, orientada a la difusión masiva más que a la frontera absoluta.
Esta estrategia no es meramente técnica, sino también geopolítica, porque los modelos abiertos reducen las barreras de entrada para países que no pueden costear las licencias de los modelos propietarios estadounidenses. Al hacerlo, construyen ecosistemas de usuarios y desarrolladores que gravitan hacia el ecosistema chino.
1.5.2 Dos proyectos rivales de orden global
La disputa se institucionalizó en 2025-2026 con la creación de dos plataformas que compiten por definir las reglas del orden tecnológico global.
- Pax Silica fue lanzada por Estados Unidos en diciembre de 2025 como iniciativa insignia del Departamento de Estado para la seguridad de la cadena de suministro de IA y semiconductores. Su propósito declarado es construir “cadenas de suministro seguras, resilientes e impulsadas por la innovación” para la IA, los semiconductores y los minerales críticos. En la práctica, busca integrar a los aliados en un bloque económico tecnológico que reduzca la dependencia de China en minerales críticos y componentes clave. Para junio de 2026, Pax Silica contaba con 24 signatarios, incluyendo a Argentina, Chile, Costa Rica, El Salvador y Panamá en América Latina, además de la Unión Europea, India, Japón, Corea del Sur y Australia. El proyecto piloto en Panamá, dotado con hasta 50 millones de
- WAICO (Organización Mundial de Cooperación en Inteligencia Artificial) fue creada en julio de 2026 en Shanghái, con 29 países fundadores y con sede en esa ciudad. Es la primera organización intergubernamental dedicada exclusivamente a la gobernanza de la IA y su membresía inicial incluye a Rusia, Brasil, Cuba, Venezuela, Kazajistán, Pakistán, Indonesia, Laos y una decena de países africanos y asiáticos. Sus principios declarados son la consulta amplia, la contribución conjunta y el beneficio compartido con un enfoque “centrado en las personas”. Para agosto de 2026, WAICO se había expandido a 37 miembros con la incorporación de Irán, Vietnam, Sudán, Tanzania, Dominica y otros, alcanzando una población combinada de 3.336 millones de personas, el 40% de la población mundial.
La competencia entre ambas plataformas no es solo por la membresía. Es por definir los estándares que regirán el desarrollo y el despliegue de la IA en los terceros espacios. Pax Silica promueve un enfoque “pro-crecimiento y pro- innovación” con énfasis en la seguridad de la cadena de suministro y la protección de la propiedad intelectual. WAICO promueve la transferencia tecnológica, el código abierto y la construcción de capacidades locales como condiciones para una gobernanza “justa y razonable”.
1.5.3 La presión por “elegir bando” y sus límites
Washington ha intentado convertir la membresía en Pax Silica en un test de lealtad tecnológica. Reuters reveló que el Departamento de Estado redactó una carta dirigida a los signatarios del “Joint Statement on AI Opportunity Partnership” advirtiéndoles que quedarían excluidos de la coalición liderada por Estados Unidos si se unían a un “marco competidor” opuesto a Washington. Un funcionario estadounidense citado por Reuters lo formuló sin ambigüedad: “Es difícil ver cómo un país puede posicionarse creíblemente como socio confiable en un ecosistema tecnológico mientras se inscribe en una iniciativa diseñada por China para avanzar en una visión competidora de la IA”.
Sin embargo, esa presión tiene límites estructurales. Varios países pertenecen simultáneamente a ambos marcos. Kazajistán es signatario de Pax Silica y miembro fundador de WAICO. Chile firmó la declaración de Pax Silica pero un think tank chileno advirtió en julio de 2026 que esa membresía “no lo inmuniza contra la dependencia de las tecnologías de IA de otros países” y buscar “qué alternativas reales existen fuera de ese bloque” debería ser una de sus consideraciones centrales.
La lógica es clara porque los países en desarrollo necesitan acceso tanto a los modelos de frontera estadounidenses como a las soluciones de código abierto chinas y forzarlos a elegir contradice sus intereses nacionales.
La contradicción entre el discurso y la práctica estadounidenses también es visible.
El subsecretario de Estado para Asuntos Económicos, Jacob Helberg, declaró en mayo de 2026 que Pax Silica “no es una organización exclusiva” y que los signatarios “no están siendo forzados a elegir entre Estados Unidos y China”. La carta filtrada desmintió esa garantía.
1.5.4 Los terceros espacios como espacios periféricos
Los terceros espacios no son un receptor pasivo de esta disputa. Es un espacio donde los países buscan activamente aprovechar la competencia entre potencias para ampliar su margen de maniobra.
Los países de los terceros espacios comparten una posición estructural ya que poseen la mayor parte de la población mundial (más del 70%), son la mayor fuente de datos y tienen los mercados de mayor crecimiento potencial en IA. Pero carecen de capacidad de cómputo, chips avanzados e infraestructura digital propia. Esa combinación de recursos y carencias los convierte en un objeto de disputa y, simultáneamente, les otorga poder de negociación, en el caso de que actuaran colectivamente.
El modelo abierto chino ha sido presentado como una herramienta para que los países sin capacidad de cómputo propia puedan desarrollar sistemas de IA localizados. La lógica es que los modelos propietarios estadounidenses requieren licencias costosas y acceso a infraestructura en la nube, controlada por empresas estadounidenses, mientras que los modelos abiertos chinos pueden desplegarse en servidores locales y adaptarse a lenguas y contextos locales. El informe del AI Index 2026 señala que los modelos abiertos chinos “están remodelando la adopción global de la IA, especialmente en África y América Latina, donde ofrecen una alternativa asequible a los sistemas propietarios estadounidenses”.
Pero esa narrativa tiene una dimensión problemática que conviene señalar. Como advierte un análisis del Centro de Estudios Internacionales de Shanghái, los países de los terceros espacios “carecen de talento en cómputo de alto rendimiento, chips de precisión, macrodatos, infraestructura digital y algoritmos”, lo que los deja “vulnerables a nuevas formas de colonialismo digital o estructuras de desarrollo dependiente”. La cooperación con China puede reducir la dependencia de Estados Unidos, pero no elimina automáticamente la dependencia tecnológica como tal. La sustitución de un proveedor por otro no es lo mismo que la construcción de capacidades propias.
1.5.5 La batalla narrativa: construcción de legitimidad y deslegitimación del rival
Ambas potencias construyen narrativas que presentan su propio proyecto como universal y el del rival como ilegítimo. ¿Cómo lo hacen?
La narrativa china se articula en torno a tres ejes.
- Primero, el multilateralismo, presentando a WAICO como una organización abierta, inclusiva y respetuosa de la Carta de la ONU, en contraste con los “bloques exclusivos” liderados por Washington.
- Segundo, la “comunidad de futuro compartido”, posicionando a China como defensora de los intereses de los terceros espacios frente a un orden tecnológico dominado por Occidente.
- Tercero, la acusación de hegemonía tecnológica. Los medios estatales chinos describen la presión estadounidense para “elegir bando” como “una manifestación típica de hegemonía tecnológica” que “interfiere en la soberanía y el derecho al desarrollo de los países”. El argumento es que Estados Unidos utiliza la seguridad de la cadena de suministro como pretexto para contener a China y controlar a sus propios aliados.
La narrativa estadounidense también se articula en tres ejes.
- Primero, el orden basado en reglas, presentando a Pax Silica como una iniciativa para construir cadenas de suministro “seguras y resilientes” frente a las prácticas comerciales desleales y las dependencias peligrosas.
- Segundo, los riesgos del control autoritario de la IA. Los funcionarios estadounidenses advierten que los modelos chinos incorporan mecanismos de censura y vigilancia que contradicen los valores democráticos.
- Tercero, la confiabilidad de los socios. La carta del Departamento de Estado sugiere que un país no puede ser “socio confiable” en un ecosistema tecnológico mientras se alinea con un marco “diseñado por China para avanzar en una visión competidora”.
Ambas narrativas cumplen una función instrumental en la disputa por los aliados provenientes de los terceros espacios. La narrativa china busca atraer a los países que resienten la dominación tecnológica occidental y que valoran el acceso a la tecnología asequible. La narrativa estadounidense busca retener a los países que temen la dependencia de China y que valoran el acceso a los mercados y tecnologías occidentales. Los países de los terceros espacios no son receptores pasivos de estas narrativas, sino que las evalúan, las negocian y, en muchos casos, las utilizan simultáneamente para maximizar su margen de maniobra.
Parte SegundaEl marco estratégico chino de geopolítica de la IA
2.1 La doble lógica de los motores estratégicos
2.1.1 Motor de competitividad económica: la IA como «nueva fuerza productiva de calidad», respuesta al freno del crecimiento y a las presiones demográficas
El despliegue de la República Popular China en el ámbito de la Inteligencia Artificial (IA) y su consecuente proyección hacia América Latina responde a las transformaciones internas de su propia estructura macroeconómica.
Durante más de tres décadas, el crecimiento del país asiático se fundamentó en un modelo clásico de acumulación basado en la manufactura intensiva de bajo costo, la inversión masiva en infraestructura física pesada y una rápida expansión del sector inmobiliario.
Sin embargo, este esquema de desarrollo ha alcanzado límites estructurales evidentes, manifestados en una desaceleración sistemática del crecimiento de su Producto Interno Bruto (PIB) y en una transición hacia tasas de crecimiento más moderadas. A este freno estructural se añade una de las presiones más complejas para la gobernanza china: una severa crisis demográfica caracterizada por el envejecimiento acelerado de la población y la contracción neta de la fuerza laboral disponible.
Ante la pérdida del histórico «dividendo demográfico», Pekín se ha visto obligado a buscar fuentes alternativas de eficiencia y productividad que permitan sostener su posición económica global y la legitimidad del Estado.
Como respuesta a esta encrucijada, la administración de Xi Jinping ha institucionalizado el concepto doctrinal e industrial de las "nuevas fuerzas productivas de calidad" (new quality productive forces). Esta noción define un cambio de paradigma económico donde el crecimiento ya no depende de la adición masiva de capital físico o mano de obra, sino de la innovación científica de frontera, la digitalización profunda y la optimización de la productividad total de los factores.
En este marco de planificación estatal, la Inteligencia Artificial no es evaluada simplemente como un sector comercial o un bien de consumo digital, sino como la tecnología de propósito general medular encargada de automatizar la base manufacturera nacional, optimizar los flujos logísticos globales y sofisticar las cadenas de valor.
La IA funciona, por lo tanto, como el motor principal para transicionar desde una economía de escala industrial hacia una economía del conocimiento automatizada de alta eficiencia y precisión algorítmica.
Esta dinámica de transformación económica endógena se proyecta de forma inmediata hacia las relaciones exteriores de China con los países periféricos, encontrando en América Latina un territorio receptor prioritario bajo la estrategia de la «Ruta de la Seda Digital» (Digital Silk Road).
Al exportar sus soluciones avanzadas de IA, las firmas tecnológicas transnacionales chinas —fuertemente respaldadas por la banca de desarrollo y el capital estatal de Pekín— buscan capturar nuevos mercados comerciales y sofisticar la naturaleza de los intercambios económicos con la región.
América Latina podría transicionar de ser un proveedor tradicional de materias primas a constituirse en un mercado crítico para el despliegue de la infraestructura digital china. Esto se evidencia en la proliferación de plataformas de Smart Cities (ciudades inteligentes) y sistemas de seguridad ciudadana que integran algoritmos predictivos en las principales capitales latinoamericanas; la automatización integral de la infraestructura portuaria y logística regional —donde el megapuerto de Chancay en Perú representa el nodo inteligente de interconexión transpacífica más avanzado— y la provisión de infraestructura de procesamiento en la nube para sistemas de salud pública, diagnósticos médicos automatizados y servicios financieros digitales.
Al integrar de manera profunda estas tecnologías en la matriz productiva de América Latina, China promueve una dependencia estructural de senda (path dependency), donde el desarrollo informático y de gobernanza digital de los Estados latinoamericanos queda vinculado de forma orgánica a los estándares comerciales e informáticos desarrollados en el ecosistema asiático.
2.1.2 Motor de soberanía tecnológica: respuesta a los controles estadounidenses sobre semiconductores, construcción de una pila tecnológica de IA «autónoma y controlable»
La segunda vertiente que compone la doble lógica estratégica china posee una naturaleza marcadamente defensiva y se inscribe directamente en las prioridades de seguridad nacional e inmunidad geopolítica del Estado. Este vector surge como una reacción directa e inapelable ante la doctrina de contención tecnológica implementada de manera coordinada por la administración de los Estados Unidos y sus aliados occidentales.
En el contexto de la actual competencia entre grandes potencias, Washington ha desplegado un denso entramado de sanciones coercitivas, órdenes ejecutivas de control de exportaciones y bloqueos al acceso de componentes críticos. Estas medidas restringen el acceso de China a los semiconductores avanzados —los chips lógicos de última generación indispensables para el entrenamiento de Grandes Modelos de Lenguaje (LLM) y la computación de alto rendimiento— así como a la maquinaria de litografía ultravioleta extrema que se produce bajo patentes y controles occidentales.
La dirección del Partido Comunista de China interpreta esto como un intento de estrangulamiento tecnológico diseñado para frenar su ascenso global. En consecuencia, la soberanía tecnológica ha dejado de ser una directriz opcional de desarrollo industrial para convertirse en un imperativo de supervivencia estatal.
La respuesta estratégica de Pekín ante este cerco geopolítico ha sido la movilización total de sus recursos institucionales, científicos y corporativos hacia la construcción de una pila tecnológica de IA que sea enteramente "autónoma y controlable" (Zizhu Kekong).
Este lineamiento estratégico exige la reconfiguración y el rediseño completo de todos los niveles del ecosistema de software y hardware del país, con el fin de eliminar cualquier vulnerabilidad o punto de estrangulamiento que pueda ser explotado por las potencias extranjeras mediante sanciones o bloqueos de licencias.
- En la base física de esta pila, China ha acelerado la investigación y la manufactura doméstica de chips aceleradores de IA y de arquitecturas lógicas alternativas como el RISC-V, desafiando el duopolio global occidental en el hardware de silicio.
- En el nivel intermedio de software y abstracción, se ha priorizado la sustitución de las herramientas de desarrollo occidentales por nuevos marcos de aprendizaje profundo (frameworks) de origen nacional,
- En la cúspide de la pila, que corresponde a las aplicaciones y modelos fundacionales, el ecosistema chino ha demostrado una resiliencia e innovación notables mediante el desarrollo de algoritmos de alta eficiencia y modelos con pesos abiertos (open-weight) —como los sistemas disruptivos de DeepSeek o los modelos Kimi de Moonshot AI— que logran mantener una competitividad internacional de frontera tecnológica a pesar de las limitaciones de hardware impuestas por el cerco exterior.
Esta pila tecnológica autónoma y controlable redefine las opciones geopolíticas y comerciales disponibles para América Latina. Al presentarse en los mercados latinoamericanos, la oferta tecnológica china no solo compite en términos de viabilidad financiera y costos de implementación competitivos, sino que se posiciona de manera explícita ante los gobiernos regionales como un "refugio regulatorio y técnico" inmune al arsenal de sanciones de la Pax Americana.
Para los países latinoamericanos, que históricamente han lidiado con la asimetría y las presiones directas de la política exterior estadounidense, la adopción de estas infraestructuras digitales basadas en la pila autónoma china representa una oportunidad estratégica para diversificar sus dependencias tecnológicas, proteger su soberanía de datos y asegurar la continuidad operativa de sus servicios del Estado frente a eventuales interferencias geopolíticas externas.
Sin embargo, esta transferencia e inserción de la pila tecnológica china introduce un dilema de largo alcance para la autonomía estratégica regional. Al adoptar de manera masiva las redes de conectividad (5G/6G), centros de procesamiento de datos gubernamentales y arquitecturas de software de origen chino, los países de América Latina se enfrentan al riesgo latente de quedar atrapados en la creciente bifurcación de los estándares globales de las tecnologías de la información.
Esta fractura digital obligará a la región a operar dentro de uno de los dos ecosistemas tecnológicos en disputa, lo que condicionará la soberanía técnica, regulatoria y política de sus agendas digitales nacionales durante las próximas décadas.
2.2 Arquitectura institucional y concepción de gobernanza
2.2.1 La Organización Mundial de Cooperación en Inteligencia Artificial (WAICO): 29 países fundadores, con sede en Shanghái
La consolidación de la capacidad técnica de la República Popular China en materia de inteligencia artificial ha sido el catalizador para una reconfiguración profunda de su diplomacia y su proyección exterior. Pekín ha transitado desde su postura tradicional de pragmatismo económico y bajo perfil normativo hacia un multilateralismo proactivo basado en el diseño de una arquitectura institucional propia.
El Estado chino ha comprendido que el liderazgo global en la era digital no se agota en el control de las capacidades manufactureras de hardware o la eficiencia de sus modelos de lenguaje, sino que exige la facultad soberana de dictar las normas, directrices éticas y estructuras institucionales que regirán la gobernanza algorítmica del planeta. Esta estrategia diplomática busca disputar de manera directa la hegemonía de Occidente, que ha intentado concentrar la discusión regulatoria en determinados foros excluyentes de democracias industrializadas como el G7, la OCDE o la Declaración de Bletchley Park.
El pilar fundamental de esta arquitectura institucional paralela es la Organización Mundial de Cooperación en Inteligencia Artificial (World Artificial Intelligence Cooperation Organization, WAICO). Esta entidad internacional intergubernamental fue establecida formalmente el 16 de julio de 2026 mediante la firma oficial de su acuerdo constitutivo en Shanghái, ciudad elegida para albergar de manera permanente la sede central de la organización.
La fundación de WAICO, celebrada en el marco de las deliberaciones de la Conferencia Mundial de Inteligencia Artificial (WAIC 2026), con la presencia de altos funcionarios de las Naciones Unidas, dotó a este nuevo organismo de una legitimidad jurídica e internacional inmediata.
La estructura orgánica de la institución se diseñó con el fin de proyectar un modelo de gobernanza horizontal y democrático, diferenciándose explícitamente de las estructuras tradicionales de gobernanza financiera y política occidental. El órgano supremo de decisión es el Consejo de Estados Miembros, estructurado bajo el principio de equidad soberana donde cada nación posee un voto, sin mecanismos de veto concentrados.
La organización opera mediante una Secretaría General encargada de coordinar comités técnicos orientados a la armonización de estándares técnicos globales, la seguridad operativa y el fomento de infraestructuras basadas en el software libre y los modelos de pesos abiertos (open-weight), financiándose a través de un sistema de cuotas estatales escalonadas y fondos multilaterales específicos para el desarrollo tecnológico.
El alcance geopolítico de WAICO radica de manera central en la composición estratégica de su membresía fundacional y su rápida expansión hacia los países de la periferia mundial. La organización inició operaciones con el respaldo jurídico de 29 países fundadores, integrando de manera inmediata a potencias económicas e institucionales clave del bloque de los BRICS ampliado y de economías emergentes, tales como la Federación Rusa, Indonesia, Pakistán, Kazajistán y Sudáfrica.
A finales del mismo mes de julio de 2026, la organización consolidó su tracción internacional al expandir su membresía a 37 países firmantes. Dentro de esta arquitectura institucional, el espacio latinoamericano asumió un rol protagónico desde el primer momento, destacando entre los 29 miembros fundadores originales naciones como Brasil, Venezuela y Nicaragua.
La adhesión temprana de Brasil resulta de la mayor relevancia geopolítica, dado su estatus como la principal economía de América Latina y por ser un actor histórico de la diplomacia multilateral. Su incorporación a WAICO refleja la estrategia de Brasilia de participar de forma activa en el codiseño de las reglas de la gobernanza digital global desde un espacio ajeno a las directrices de Washington o Bruselas.
Para Venezuela y Nicaragua, la participación en este organismo intergubernamental ofrece un canal soberano para acceder a la transferencia tecnológica avanzada y blindar sus infraestructuras del Estado frente a las sanciones exteriores.
Los incentivos desplegados por Pekín para consolidar esta membresía regional incluyeron programas inmediatos de transferencia de capacidades técnicas, formalizando el compromiso de WAICO de proveer más de 5,000 oportunidades de capacitación de alto nivel y becas de especialización en IA para profesionales y científicos de datos de los países periféricos, facilitando su acceso a los centros de supercomputación y laboratorios de vanguardia localizados en Shanghái y Shenzhen.
2.2.2 Discurso central: «sistema de gobernanza global de la IA justo y razonable», «centrado en las personas, inteligente y benévolo»
La legitimidad internacional de esta nueva arquitectura institucional se articula sobre un andamiaje discursivo minuciosamente elaborado por la diplomacia de la República Popular China para desafiar los fundamentos filosóficos y normativos de los marcos regulatorios occidentales.
Frente a la terminología angloamericana y europea, que tiende a priorizar la mitigación de riesgos existenciales de carácter catastrófico y la imposición de estándares ideológicos de alineación política interna, el discurso central de Pekín promovido a través de WAICO se define bajo la premisa cardinal de edificar un «sistema de gobernanza global de la IA justo y razonable».
Esta narrativa oficial sostiene que las estructuras de gobernanza tecnológica vigentes son intrínsecamente asimétricas y buscan congelar la jerarquía del poder global, impidiendo que las naciones en desarrollo accedan a los beneficios de la automatización inteligente. Por lo tanto, un sistema justo y razonable debe garantizar que las reglas del juego digital no sean monopolizadas por las corporaciones transnacionales, sino que se estructuren de forma multilateral para democratizar el acceso al conocimiento informático.
Esta concepción institucional se sostiene de forma operativa sobre dos pilares discursivos complementarios: un enfoque de desarrollo «centrado en las personas»
(people-centered approach) y el principio ético de una tecnología "inteligente y benévola" (Shanzhi).
- El lineamiento centrado en las personas postula que el éxito del avance algorítmico y de los modelos fundacionales no debe evaluarse por la rentabilidad bursátil o la concentración de capital de las plataformas digitales, sino por su capacidad directa para resolver las brechas estructurales del desarrollo social. Bajo este prisma, la IA debe priorizarse para el cierre de la brecha digital, la erradicación de la pobreza, la optimización de los rendimientos de la agricultura familiar y la democratización de los sistemas de salud pública en los países periféricos.
- Por su parte, el concepto de una inteligencia benévola (Shanzhi) introduce de manera sofisticada un eco de los valores filosóficos tradicionales del pensamiento clásico chino y el neoconfucianismo —basados en la búsqueda de la armonía colectiva, la responsabilidad recíproca frente a la comunidad y la rectitud ética— aplicados directamente al diseño conceptual y la supervisión de los sistemas autónomos. Mediante esta semántica normativa, China se posiciona ante el concierto de naciones y la región latinoamericana como una potencia tecnológica no impulsada por fines utilitaristas o de control militar, sino como el promotor de
2.2.3 Contraste con el modelo occidental: apertura e inclusión vs. «patio pequeño y valla alta» y proteccionismo tecnológico
El despliegue de esta arquitectura institucional y su andamiaje discursivo configuran un choque dialéctico frontal entre dos concepciones antitéticas de la gobernanza digital planetaria, convirtiendo de este modo a América Latina en uno de los principales escenarios de operaciones de esta disputa normativa global. El contraste estructural entre ambos modelos se manifiesta con total claridad al examinar las premisas políticas que rigen el acceso y el control de las tecnologías de frontera.
El modelo estadounidense y de las potencias occidentales asociadas opera bajo la doctrina de seguridad y geoeconomía conocida formalmente como el "patio pequeño y valla alta" (small yard, high fence). Esta estrategia de Occidente se caracteriza por la implementación de un proteccionismo tecnológico rígido, el uso extensivo de listas de entidades restringidas para asfixiar las capacidades de los competidores estratégicos y el levantamiento de severas barreras comerciales orientadas a preservar la hegemonía unipolar de la infraestructura digital americana, condicionando la cooperación y la transferencia de software a la alineación ideológica previa de los terceros Estados.
En oposición diametral a esta postura defensiva, el modelo chino canalizado a través de la institucionalidad de WAICO promueve un enfoque basado en la apertura y la inclusión. La carta constitutiva de la organización determina de manera explícita que la participación en sus foros y el acceso a sus mecanismos de financiamiento y cooperación técnica están abiertos a cualquier Estado soberano del planeta que acepte sus principios fundacionales.
Se prohíbe explícitamente la aplicación de exámenes de tipo de régimen político, filtros de carácter ideológico o condicionamientos morales previos como requisitos de acceso a los beneficios de la organización. Mientras que la gobernanza de matriz occidental tiende a concentrarse en la consolidación de clubes selectos orientados a la fiscalización regulatoria internacional y la restricción del flujo de hardware avanzado hacia la periferia, el enfoque de WAICO se orienta a la democratización tecnológica mediante el impulso masivo al software libre y los modelos de pesos abiertos (open-weight).
Al liberar los pesos de sus modelos avanzados y ponerlos a disposición de los centros de investigación latinoamericanos, China busca neutralizar el monopolio del conocimiento técnico occidental, ofreciendo a las economías emergentes las herramientas necesarias para desarrollar sus propios sistemas domésticos de IA de forma autónoma.
Para las repúblicas latinoamericanas, este escenario de polarización normativa introduce presiones diplomáticas de una intensidad inédita sobre sus cancillerías e instituciones técnicas. Desde Washington se ejerce una influencia geopolítica constante para inducir a los gobiernos de la región a excluir a los proveedores chinos de infraestructura tecnológica de los concursos públicos y despliegues de redes críticas (5G/6G, almacenamiento gubernamental de nube y centros de datos), esgrimiendo argumentos asociados a vulnerabilidades de ciberseguridad, riesgos de espionaje estatal y la supuesta exportación de un modelo de "autoritarismo digital".
En contraposición, la propuesta institucional de China formalizada a través de WAICO se ofrece ante América Latina como una vía de emancipación tecnológica horizontal. Pekín invita a los gobiernos de la región a trascender su rol histórico de meros consumidores pasivos de software e infraestructura de datos occidentales — sometidos a contratos de licencias restrictivas y condicionamientos de política exterior— para erigirse en co-diseñadores activos de las reglas internacionales de la IA dentro de un foro multilateral donde su voto ostenta la misma equivalencia jurídica que el de las grandes potencias, alterando de este modo los equilibrios tradicionales de poder y las dependencias estratégicas en el hemisferio occidental.
2.3 Compromisos de recursos hacia los “terceros espacios”
Es preciso analizar los recursos concretos que China ha comprometido para sostener su diplomacia de IA y la lógica estratégica que subyace a esos compromisos. No se trata de una “asistencia técnica” de carácter filantrópico, sino de una inversión estratégica de bajo costo orientada a obtener influencia institucional, ecosistemas de usuarios y legitimidad política.
La arquitectura institucional de WAICO necesita recursos materiales para sostener su legitimidad. Una organización internacional que solo tiene estatutos y sede, pero no productos entregables, no puede retener la participación de sus miembros ni demostrar ventajas institucionales frente a sus competidores. Los tres compromisos de recursos anunciados por China en la Conferencia Mundial de IA de 2026 buscan precisamente llenar ese vacío.
- Primero: 5.000 plazas de formación en IA. China anunció que ofrecerá 5.000 plazas de capacitación especializada en inteligencia artificial a países en desarrollo durante los próximos cinco años. El valor estratégico de este compromiso es muy superior a su costo fiscal. La formación es el mecanismo de construcción de capacidades más barato y con menor resistencia política: no implica transferencia de activos tecnológicos críticos, no activa controles de exportación, no genera revisiones de seguridad, pero produce simultáneamente tres efectos. ✔ En primer lugar, responde a una necesidad urgente de los países de los “terceros espacios” —la escasez de talento— y por tanto tiene atributos visibles de bien público. ✔ En segundo lugar, los capacitados aprenden a operar y desarrollar sobre la pila tecnológica china: uso de chips nacionales, ajuste fino de modelos abiertos chinos, despliegue en plataformas de nube chinas. Esa formación genera un efecto de dependencia de trayectoria porque los profesionales familiarizados con un ecosistema tecnológico tienden a permanecer en él a lo largo de su carrera.
- Segundo: crear centros regionales de cooperación en aplicaciones de IA. China anunció que cooperará con la ASEAN, la Liga Árabe, la Unión Africana, la CELAC, la OCS y los BRICS para construir centros internacionales de cooperación en aplicaciones de inteligencia artificial. La inclusión de la CELAC tiene significado directo porque América Latina y el Caribe quedan explícitamente identificados por China como región prioritaria para la cooperación en IA. El diseño institucional de estos centros aún no se ha hecho completamente público, pero su función puede inferirse de las prácticas ya existentes: transferencia tecnológica, investigación conjunta, desarrollo localizado, demostración de escenarios de aplicación. A diferencia de las plazas de formación, los centros de cooperación requieren que el país anfitrión aporte espacio, personal y fondos de contrapartida, lo que implica un compromiso institucional mayor y una cooperación más profundamente arraigada. Para el país anfitrión, el centro es tanto un canal de acceso tecnológico como una señal de vinculación institucional ya que su existencia dota a la relación bilateral de un anclaje material difícil de revertir.
- Tercero: la difusión del sistema “Mazu” de alerta meteorológica inteligente. China anunció que ayudará a otros 30 países a desplegar “Mazu”, un sistema de alerta temprana meteorológica impulsado por IA. La elección del sector merece un análisis detenido. La alerta meteorológica pertenece a los escenarios de “baja sensibilidad política y alta visibilidad”: no toca temas sensibles como la soberanía de datos, la seguridad militar o la vigilancia política, no provoca una reacción fuerte de Estados Unidos, pero establece la presencia de la tecnología china de IA en los sistemas de servicio público del país receptor.
La lógica común de los tres compromisos consiste en que difieren en forma, pero siguen una misma lógica estratégica, esto es invertir recursos entregables, exhibibles y de riesgo político controlable para obtener influencia institucional, ecosistemas de usuarios y recursos de legitimidad. No implican transferencia de las tecnologías más avanzadas, no desafían las líneas rojas de los controles estadounidenses, pero establecen la presencia y la dependencia del ecosistema chino de IA entre los países de los “terceros espacios”.
Esa presencia no se impone por coerción, sino que se logra ofreciendo alternativas:
para aquellos países que no pueden costear las licencias de los modelos estadounidenses, o que enfrentan restricciones de acceso a la infraestructura de nube dominada por empresas estadounidenses, los compromisos chinos representan una opción asequible y políticamente menos condicionada.
Esa es, precisamente, la diferencia central entre los dos modelos de expansión:
El primer modelo exige exclusividad, el segundo, presencia. Para los países de los “terceros espacios”, la segunda opción es mucho más compatible con sus intereses de autonomía estratégica.
2.4 Los instrumentos de implementación
¿Cuáles son los mecanismos concretos mediante los cuales la estrategia china de IA se traduce en presencia efectiva en América Latina? Esa presencia no es el resultado de una acción directa del Estado chino, sino de una red compuesta por empresas, financiamiento e instituciones que opera con lógicas comerciales, pero direccionadas hacia objetivos estratégicos.
La arquitectura institucional descrita en 2.2 y los compromisos de recursos de 2.3 requieren vehículos concretos para poder materializarse. Un tratado o una declaración no despliegan infraestructura, hacen falta actores que los ejecuten. En el caso chino, esos actores son fundamentalmente tres: las empresas tecnológicas, los bancos de desarrollo y los acuerdos bilaterales que enmarcan la cooperación.
Lo que distingue al modelo chino de otros modelos de expansión tecnológica es la integración entre estos tres niveles: los acuerdos bilaterales crean el marco político, los bancos proporcionan el capital y las empresas ejecutan el despliegue técnico.
2.4.1 Las empresas tecnológicas como vectores
El primer vehículo de la presencia china en IA en América Latina son las grandes empresas tecnológicas. No operan como instrumentos del Estado, pero su comportamiento se alinea con la dirección estratégica nacional por razones que combinan incentivos comerciales y marco político favorable.
Huawei es el actor más visible y el que mejor ilustra esta lógica. Su presencia en América Latina no comenzó con la IA, sino con la infraestructura de telecomunicaciones tales como redes móviles, fibra óptica, equipos de transmisión.
Esa base le permitió desplegar posteriormente centros de datos y servicios de nube que hoy constituyen la capa física sobre la que pueden operar las aplicaciones de IA.
- El centro de datos de Huawei en Chile, presentado como un nodo regional con cobertura para Argentina, Perú y los países vecinos, ejemplifica este modelo de infraestructura como plataforma: primero se construye la capacidad de cómputo y almacenamiento, después se atraen aplicaciones y desarrolladores.
- El caso brasileño del 5G es igualmente ilustrativo. Pese a la resistencia política inicial durante el gobierno de Bolsonaro, la presión de las operadoras de telecomunicaciones y la ausencia de alternativas competitivas en costo y calidad llevaron a que Huawei ganara contratos de suministro. En 2023, Lula confirmó la adopción de tecnología china y visitó el centro de investigación de Huawei en Shanghái. Lo que muestra ese episodio es que la dependencia de infraestructura genera su propia dinámica política: una vez que los operadores y las redes están desplegados, revertir la decisión se vuelve económicamente costoso.
Alibaba representa un modelo complementario. Su vector de entrada no es la infraestructura de telecomunicaciones sino la nube y el comercio electrónico. Con regiones de nube en São Paulo y México, Alibaba ofrece a las empresas y gobiernos latinoamericanos capacidad de cómputo y almacenamiento sin requerir que construyan infraestructura propia. Esa oferta es especialmente atractiva para países que no pueden financiar sus centros de datos nacionales y que, de otro modo, dependerían exclusivamente de AWS, Azure o Google Cloud.
El efecto geopolítico es directo porque cada región de nube china que se establece reduce la cuota de mercado de los proveedores estadounidenses y crea un ecosistema alternativo de herramientas, interfaces y estándares. Plataformas como AliExpress
latinoamericanos con productos y servicios chinos, generando flujos de datos que alimentan el ecosistema.
Otras empresas completan el panorama.
- Zhipu AI, uno de los principales desarrolladores chinos de modelos de lenguaje, ha participado en iniciativas de cooperación internacional en el marco de la Conferencia Mundial de IA, incluyendo proyectos de capacitación y codesarrollo con países socios.
- SenseTime, especializada en visión por computadora y reconocimiento facial,
Lo que caracteriza a estas empresas no es una coordinación centralizada, sino una convergencia de intereses. China ofrece respaldo diplomático, financiamiento y un marco de acuerdos que reduce el riesgo político; las empresas aportan capacidad técnica, capital y presencia operativa. El resultado es un ecosistema donde la distinción entre lo público y lo privado se difumina, sin que sea necesario postular la existencia de una dirección estatal explícita.
2.4.2 El financiamiento como infraestructura silenciosa
El segundo instrumento son los flujos financieros. A diferencia de la inversión privada occidental, que suele responder a criterios de rentabilidad de corto plazo, el financiamiento chino hacia América Latina combina lógicas comerciales con objetivos de posicionamiento estratégico de largo plazo.
Los bancos de desarrollo chinos —principalmente el Banco de Desarrollo de China y el Banco de Exportación e Importación de China (Exim Bank)— han financiado diversos proyectos de infraestructura digital en la región. Estos préstamos suelen estar vinculados a la contratación de empresas chinas para la ejecución de los proyectos, un mecanismo que garantiza que el capital retorne al ecosistema empresarial chino mientras el país receptor obtiene la infraestructura. En el sector digital, este modelo se ha aplicado a redes de fibra óptica, centros de datos y proyectos de ciudad inteligente.
La inversión directa de las grandes tecnológicas complementa el financiamiento bancario. Los centros de datos de Huawei en Chile y de Alibaba en Brasil y México representan inversiones directas que no dependen de préstamos soberanos, pero que crean activos fijos en territorio latinoamericano cuya operación y mantenimiento permanecen bajo el control chino. Esa distinción es importante porque el país receptor obtiene la infraestructura física, pero no la capacidad de operarla autónomamente. La propiedad de la capa de cómputo y almacenamiento permanece en manos de la empresa inversora.
Los préstamos vinculados son un tercer mecanismo. China ha otorgado préstamos a países latinoamericanos con la condición de que una parte de los fondos se destine a la adquisición de tecnología china. Este modelo, aplicado en el pasado a proyectos de energía y transporte, se extiende ahora a la infraestructura digital. Su lógica es doble porque garantiza mercado para las empresas chinas y crea dependencia tecnológica en el país receptor.
2.4.3 Acuerdos bilaterales y memorandos
El tercer instrumento es el marco jurídico. Los acuerdos bilaterales y los memorandos de entendimiento (MoU) proporcionan la legitimidad política que las empresas y los bancos necesitan para operar.
China ha firmado MoU sobre cooperación en IA con varios países latinoamericanos.
Estos documentos rara vez contienen compromisos vinculantes o montos específicos, pero cumplen la función esencial de establecen un marco de referencia que permite a las empresas chinas operar con respaldo oficial y señalan a los mercados y a terceros países que existe una relación estratégica en curso.
- El Plan de Acción Conjunta China-Brasil (2024) incluye un eje específico sobre cooperación en ciencia, tecnología e innovación, con mención explícita a la inteligencia artificial.
- El acuerdo entre China y Chile en materia de economía digital, firmado en el marco de la visita de Boric a Pekín, establece las bases para la cooperación en infraestructura digital y formación de talento.
- Los acuerdos con México, aunque más limitados por la sensibilidad de la relación con Estados Unidos, incluyen componentes de comercio electrónico y capacitación.
Lo que distingue a estos acuerdos no es su contenido técnico —que suele ser genérico— sino su función de anclaje institucional. Una vez firmados, crean expectativas, movilizan recursos y generan una burocracia bilateral que hace costoso revertirlos. En ese sentido, los MoU no son documentos vacíos, son dispositivos de lock-in institucional.
2.4.4 Cámaras de comercio y asociaciones empresariales
Un cuarto instrumento, menos visible pero muy significativo, son las cámaras de comercio y asociaciones de empresas chinas en América Latina. Estas entidades cumplen funciones de coordinación, representación y lobby y actúan como interfaz entre el gobierno chino y los actores locales.
Su función principal no es la ejecución de proyectos, sino la construcción de redes de influencia. Facilitan contactos entre empresas chinas y funcionarios locales, organizan misiones comerciales, promueven la firma de acuerdos y canalizan información sobre oportunidades de inversión. En algunos casos, también participan en la elaboración de propuestas regulatorias que favorecen la operación de empresas chinas en el país receptor.
Estas asociaciones no son actores decisivos por sí mismas, pero completan el ecosistema. Mientras las empresas ejecutan y los bancos financian, las cámaras construyen el tejido relacional que hace posible la continuidad de la cooperación más allá de los ciclos políticos. Son el equivalente funcional de las redes de influencia que las empresas occidentales construyen a través de consultoras, fundaciones y foros empresariales.
Una síntesis del modelo
Lo que emerge de este análisis es un modelo de implementación que no requiere una coordinación centralizada explícita. El Estado chino proporciona el marco diplomático y financiero; las empresas aportan capacidad técnica y capital, los bancos facilitan el financiamiento, los acuerdos bilaterales legitiman la operación, las cámaras construyen redes. El resultado es una presencia distribuida y resiliente, capaz de adaptarse a contextos políticos diversos y de sobrevivir a cambios de gobierno.
Esa es su ventaja más importante frente al modelo occidental. Estados Unidos opera a través de marcos regulatorios y alianzas formales que exigen exclusividad y alineamiento. China opera a través de una red de actores que no exige elección de bando, sino simplemente presencia. Para los países de los “terceros espacios”, esa diferencia es decisiva porque permite cooperar con China sin romper con Occidente, maximizando el margen de maniobra en lugar de forzar una elección binaria.
Parte TerceraMecanismos de implementación de la estrategia china de IA en América Latina
3.1 La infraestructura digital como paso previo
3.1.1 Construcción del centro de datos de Huawei en Chile: el centro de nube de Santiago con cobertura para Argentina, Perú y países vecinos
La penetración y el despliegue efectivo de los sistemas de Inteligencia Artificial en América Latina requieren de forma obligatoria el establecimiento de capacidades locales de almacenamiento, procesamiento de macrodatos y baja latencia informática.
Dentro de la geografía del cono sur, Chile ha sido seleccionada como el nodo estratégico prioritario para el anclaje físico de estas capacidades a través de la corporación transnacional Huawei. La construcción e inauguración del centro de datos y de infraestructura de nube de Huawei en la Región Metropolitana de Santiago no constituye un proyecto comercial aislado, sino que representa el núcleo operativo de una red de conectividad regional orientada a proveer servicios computacionales de alta velocidad y capacidades de computación elástica.
Este centro de nube en Santiago actúa formalmente como un hub tecnológico transfronterizo, cuya cobertura de infraestructura digital y arquitectura lógica se extiende de manera directa hacia economías vecinas como Argentina, Perú y otros países del entorno andino y del Cono Sur.
Al localizar esta infraestructura crítica en territorio chileno, Huawei elude las restricciones de latencia derivadas del procesamiento de información en servidores remotos ubicados en Norteamérica o Europa, ofreciendo a las corporaciones privadas y a las agencias del Estado latinoamericanas una velocidad de procesamiento óptima para el entrenamiento de modelos predictivos y la ejecución de algoritmos en tiempo real.
Este despliegue de infraestructura física constituye el cimiento técnico indispensable sobre el cual se asienta la arquitectura de software e IA de matriz china en la región, consolidando la presencia de sus plataformas operativas en sectores estratégicos de la administración pública y del sector corporativo sudamericano.
3.1.2 Alibaba establece su primera región de nube en Sudamérica en São Paulo (dos centros de datos), tras su despliegue previo en México
De manera complementaria a los esfuerzos de conectividad de Huawei, el gigante del comercio electrónico y la computación en la nube, Alibaba, ha ejecutado una fase avanzada de expansión de su infraestructura lógica mediante el establecimiento de su primera región de nube oficial en Sudamérica, localizada estratégicamente en la zona metropolitana de São Paulo, Brasil.
Este despliegue se compone de una arquitectura de redundancia técnica basada en la operación simultánea de dos centros de datos de alta capacidad de procesamiento. La incursión de Alibaba Cloud en el mercado brasileño representa un paso de avance geoeconómico fundamental que se apoya y consolida sobre las experiencias e inversiones que la corporación asiática ejecutó previamente en México, donde asentó sus bases de almacenamiento y servicios de computación distribuida para la región de Mesoamérica.
El establecimiento de la región de nube de São Paulo dota al ecosistema tecnológico sudamericano de capacidades computacionales sofisticadas para la analítica de datos, almacenamiento seguro y desarrollo de inteligencia artificial generativa a nivel empresarial. Al duplicar su presencia física mediante dos centros de datos interconectados en el núcleo económico de Brasil, Alibaba asegura la continuidad operativa frente a contingencias y fallas críticas, atrayendo a grandes corporaciones financieras, cadenas de suministro de logística y plataformas de servicios digitales de América Latina.
Esta infraestructura permite la migración de sistemas transaccionales masivos hacia arquitecturas de software chinas, profundizando el arraigo de las herramientas lógicas asiáticas en el sector privado latinoamericano y desafiando el monopolio histórico que firmas estadounidenses como Amazon Web Services o Microsoft Azure ejercían en la arquitectura informática de la región.
3.1.3 Redes 5G y transporte inteligente: cobertura 5G en las principales ciudades de Brasil que sustenta el internet de las cosas agrícola; sistema de tráfico inteligente en Lima desarrollado conjuntamente entre Perú y China
La tercera dimensión del despliegue de infraestructura digital preliminar abarca la convergencia entre las redes de telecomunicaciones de quinta generación (5G) y los sistemas automatizados de movilidad urbana. En el caso de la República Federativa de Brasil, la rápida expansión y cobertura de las redes 5G provistas por los proveedores chinos en las principales capitales y núcleos urbanos del país ha trascendido el ámbito de la telefonía móvil convencional para constituirse en la columna vertebral del Internet de las Cosas (IoT) aplicado al entorno rural y de agronegocios.
La alta velocidad de transmisión y la mínima latencia que caracterizan a la infraestructura 56 china permiten la interconexión masiva de millones de dispositivos, sensores ambientales y maquinaria agrícola automatizada en el interior del país, facilitando el procesamiento en tiempo real de flujos informáticos que sustentan la competitividad del sector agrícola brasileño a nivel global.
De forma paralela, esta capacidad de conectividad física e inteligente se manifiesta en el ámbito de la planificación y gestión de las megaciudades latinoamericanas, siendo el sistema de tráfico inteligente de la ciudad de Lima un ejemplo paradigmático de implementación tecnológica conjunta entre el Perú y corporaciones de la República Popular China.
Este proyecto de movilidad automatizada integra redes de sensores de flujo vehicular, cámaras de alta resolución equipadas con software de visión artificial y centros de control algorítmico automatizados que procesan las pautas de circulación de la capital peruana en tiempo real.
La cooperación técnica entre ingenieros peruanos y especialistas chinos ha hecho posible el diseño de un tejido de ordenamiento de tránsito que reduce los tiempos de congestión, optimiza las rutas del transporte público y recopila macrodatos vehiculares
telecomunicaciones y el software predictivo se fusionan para ejercer funciones de gobernanza urbana y control de espacios públicos en la región.
3.2 Penetración en escenarios de aplicación industrial
3.2.1 Agricultura inteligente: riego de precisión con sensores y teledetección satelital en el estado de São Paulo (Brasil). Gestión con posicionamiento satelital en zonas ganaderas de Argentina
Una vez consolidada la infraestructura digital y de almacenamiento de la información, la estrategia de Inteligencia Artificial de la República Popular China en América Latina avanza de manera decidida hacia la inserción de algoritmos avanzados en los sectores productivos primarios, con especial énfasis en el desarrollo de la agricultura inteligente.
En las zonas agroindustriales del estado de São Paulo, Brasil, la cooperación tecnológica china se ha materializado en sistemas avanzados de riego de precisión que operan de manera automatizada mediante la interacción de redes de sensores de humedad en suelo y tecnologías de teledetección satelital. Estos sistemas procesan variables microclimáticas e imágenes multiespectrales para determinar con precisión matemática la cantidad exacta de recursos hídricos y fertilizantes requeridos por los cultivos, minimizando el desperdicio operativo y elevando los rendimientos por hectárea sin necesidad de intervención humana constante.
En el ámbito rioplatense, este mecanismo de penetración industrial se replica en las grandes zonas ganaderas de la República Argentina, donde la gestión y trazabilidad del ganado bovino se realiza mediante el despliegue de plataformas de software de IA vinculadas a sistemas de posicionamiento satelital de matriz asiática.
El uso de dispositivos de geolocalización y sensores biométricos instalados en el ganado permite a los productores monitorear de forma continua el desplazamiento de las reses, evaluar los patrones de pastoreo en grandes extensiones territoriales y detectar de manera temprana anomalías de salud o conductas inusuales mediante algoritmos predictivos de comportamiento animal.
Esta optimización productiva en el sector primario suramericano evidencia cómo la inserción de las capacidades algorítmicas chinas se acopla a las ventajas comparativas tradicionales de América Latina, transformando las actividades extractivas y agropecuarias en industrias de alta densidad informática sujetas a estándares tecnológicos del país asiático.
3.2.2 Energía y puertos: plataforma inteligente de inspección de líneas de transmisión en Brasil; sistema «anti-elevación de camiones» en el puerto de Santos
La modernización de la infraestructura crítica de transporte y distribución energética constituye otro de los vectores de inserción industrial más significativos de la cooperación tecnológica china en la región. En el sector eléctrico de Brasil, corporaciones estatales y privadas chinas han implementado una plataforma inteligente de inspección destinada a la supervisión y mantenimiento de las extensas líneas de transmisión de alta tensión que recorren la geografía brasileña.
Este sistema emplea aeronaves no tripuladas (drones) equipadas con sensores térmicos y cámaras de visión artificial de alta resolución que recorren de forma automatizada miles de kilómetros de redes eléctricas.
Los algoritmos de IA procesan de forma inmediata las imágenes recolectadas para identificar fallas estructurales, sobrecalentamientos en subestaciones o riesgos de interferencia por vegetación, previniendo interrupciones masivas en el suministro energético del país.
Asimismo, en el ámbito de la infraestructura portuaria y el comercio internacional, el Puerto de Santos en Brasil —el nodo logístico marítimo más importante de América del Sur— ha incorporado sistemas avanzados de automatización y seguridad portuaria de origen chino, destacando el sistema inteligente "anti-elevación de camiones" (anti-truck lifting system).
Este dispositivo utiliza sensores láser, cámaras volumétricas y algoritmos de visión por computadora integrados en las grúas pórtico de carga de contenedores. El software analiza el proceso de izaje en tiempo real y detiene de forma instantánea la operación si detecta que el camión de transporte de carga terrestre se ha quedado accidentalmente enganchado al contenedor durante la elevación.
Esta aplicación tecnológica reduce drásticamente los accidentes laborales, previene daños materiales costosos en las terminales y acelera el flujo de despacho de mercancías hacia los mercados globales, consolidando la eficiencia operativa bajo patrones de software diseñados en China.
3.2.3 Comercio electrónico transfronterizo y aldea digital: productores de fruta de Puebla (México) aumentan sus márgenes en un 20% gracias al proyecto chino-latinoamericano de aldea digital
El tercer escenario de inserción industrial abarca la transformación de las dinámicas comerciales rurales y la mitigación de intermediaciones ineficientes en las cadenas de valor agrícolas mediante plataformas digitales.
El proyecto de cooperación chino-latinoamericano conocido bajo el concepto de «Aldea Digital» (Digital Village Project), inspirado directamente en los modelos de inclusión financiera y comercio electrónico rural desarrollados en el interior de China, ha encontrado un terreno de aplicación exitoso en el estado de Puebla, México. Esta iniciativa vincula a comunidades de pequeños productores de fruta de la región de Puebla con arquitecturas de comercio electrónico transfronterizo, sistemas de gestión logística algorítmica y herramientas analíticas de mercado impulsadas por inteligencia artificial.
La implementación práctica de este modelo ha permitido a los agricultores de Puebla prescindir de las redes tradicionales de intermediarios comerciales que históricamente devaluaban el valor de su producción agrícola en los mercados locales.
A través del uso de plataformas de optimización logística, analítica predictiva de demanda internacional y canales de comercialización digital directa con mercados exteriores, los productores de fruta integrados en este proyecto piloto han logrado aumentar sus márgenes de ganancia neta en un 20% de forma sostenida.
Este incremento en la rentabilidad rural demuestra que la estrategia de IA de la República Popular China en América Latina no se limita exclusivamente a grandes proyectos de infraestructura de telecomunicaciones o seguridad estatal, sino que despliega mecanismos de apropiación económica a pequeña y mediana escala que reconfiguran las economías locales del Sur Global y legitiman la presencia tecnológica china mediante beneficios económicos tangibles para los sectores agrarios.
3.3 Adaptación tecnológica localizada y cooperación en talento
3.3.1 Investigación conjunta de modelos multilingües aprovechando las ventajas del español y el portugués
El éxito definitivo de la estrategia de Inteligencia Artificial de la República Popular China en América Latina depende del paso desde herramientas genéricas a un proceso profundo de adaptación tecnológica localizada, capaz de asimilar las particularidades culturales, jurídicas y lingüísticas de la región.
Para cumplir este objetivo, los centros de investigación estatales chinos y las universidades latinoamericanas de primer orden han establecido alianzas estratégicas orientadas a la investigación y el desarrollo conjunto de modelos fundacionales y Grandes Modelos de Lenguaje (LLM) de carácter multilingüe.
Esta cooperación científica aprovecha de forma deliberada las ventajas demográficas y lingüísticas derivadas de la homogenización del espacio hispanohablante y de la comunidad de habla portuguesa en Sudamérica.
El desarrollo de estos algoritmos multilingües avanzados se enfoca en superar las asimetrías de los modelos occidentales dominantes, los cuales han sido entrenados con sesgos cognitivos e informáticos predominantemente anglófonos.
Los equipos de investigación conjuntos se dedican a la recopilación, curaduría y procesamiento de extensos corpus de datos locales que reflejan los giros idiomáticos,
socioeconómicos propios de las sociedades de América Latina.
Al entrenar a las nuevas arquitecturas de aprendizaje profundo bajo estas variables idiomáticas coordinadas, se obtienen herramientas de procesamiento de lenguaje natural altamente precisas y eficientes para su aplicación inmediata en servicios de administración pública digital, automatización de sistemas judiciales locales, traducción especializada en comercio internacional y optimización de interfaces de atención ciudadana en entornos multilingües.
3.3.2 Chile lidera Latam-GPT, el primer modelo de lenguaje de gran escala de código abierto de América Latina, complementario con China.
Un hito fundamental que ilustra la maduración de esta cooperación en talento y transferencia de conocimiento es el desarrollo e implementación de Latam-GPT, una iniciativa científica pionera liderada por Chile y las redes académicas regionales. Latam-GPT se constituye formalmente como el primer modelo de lenguaje de gran escala de código abierto y pesos abiertos (open-weight) diseñado específicamente desde y para el contexto de América Latina, buscando dotar a la región de una infraestructura cognitiva soberana que reduzca la dependencia de las API cerradas de corporaciones norteamericanas.
Este proyecto científico regional opera de forma complementaria y sinérgica con las capacidades tecnológicas y de software desarrolladas en la República Popular China. A través de mecanismos de transferencia científica compartida, los desarrolladores latinoamericanos aprovechan la experiencia y las arquitecturas de alta eficiencia de código abierto provistas por el ecosistema digital chino —tales como los marcos de optimización algorítmica y modelos de procesamiento avanzados de frontera— para acelerar el entrenamiento y la calibración de Latam- GPT en centros de supercomputación locales.
Esta complementariedad técnica permite a las instituciones académicas y científicas chilenas y latinoamericanas esquivar los cuellos de botella derivados de las restricciones de hardware y licencias occidentales, promoviendo el surgimiento de un ecosistema de innovación digital propio en el Sur Global que asume los principios de democratización tecnológica, transferencia de capacidades institucionales y gobernanza cooperativa e inclusiva.
Parte CuartaRespuestas, disputas y dilemas de dependencia en América Latina
4.1 Las respuestas estatales latinoamericanas: un mapa heterogéneo
4.1.1 Brasil: liderazgo regional, Latam-GPT, debate WAICO
La República Federativa de Brasil se ha posicionado como el actor geopolítico e institucional más relevante en la configuración de la gobernanza de la Inteligencia Artificial dentro del espacio latinoamericano.
Su respuesta ante la proyección tecnológica de la República Popular China combina una diplomacia soberana de alta autonomía con una activa participación en la creación de capacidades informáticas regionales. En el plano técnico, el país ha aportado una densa base de científicos de datos y corpus lingüísticos en portugués para el entrenamiento de Latam-GPT, consolidando este modelo como una herramienta de integración cognitiva sudamericana orientada a mitigar el monopolio de los modelos anglófonos cerrados.
En el plano diplomático, el papel de Brasilia se ha vuelto central en el debate WAICO, siendo uno de los 29 firmantes originales de la carta constitutiva firmada en Shanghái el 16 de julio de 2026. La adhesión brasileña a este organismo internacional intergubernamental responde a su histórica doctrina de política exterior multilateral y de equilibrio estratégico, la cual busca dotar al Sur Global de foros de concertación técnica normativamente independientes del G7 y la OCDE.
No obstante, la participación de Brasil en WAICO no se traduce en una alineación automática con las directrices de Pekín. Por el contrario, Brasil utiliza su peso específico dentro del bloque de los BRICS ampliado para exigir que la organización funcione bajo una horizontalidad real, garantizando financiamiento incondicional, transferencia efectiva de tecnología y el fortalecimiento de las infraestructuras de supercomputación en territorio suramericano.
4.1.2 Chile: centro de datos de Huawei, pertenencia simultánea a marcos rivales
La estrategia de Chile frente a la bifurcación digital global representa un modelo de pragmatismo económico y diplomacia de red. Por un lado, el país ha consolidado su posición como el hub de almacenamiento y procesamiento de datos más importante del Cono Sur a través de la instalación y sucesivas ampliaciones del centro de datos de Huawei en Santiago, el cual provee infraestructura de nube elástica de baja latencia con cobertura extendida hacia Argentina y Perú.
Esta alianza técnica ha sido fundamental para proveer la capacidad computacional subyacente que complementa el desarrollo y calibración de iniciativas locales de código abierto como Latam-GPT, demostrando los beneficios tangibles de la transferencia de hardware asiático.
De forma simultánea, Chile implementa una política exterior caracterizada por la neutralidad activa y la diversificación regulatoria, lo que se traduce en una pertenencia simultánea a marcos normativos rivales. Mientras sus agencias técnicas y universidades cooperan estrechamente con el ecosistema de pesos abiertos chino y participan en los foros técnicos multilaterales impulsados por Pekín, el gobierno chileno mantiene compromisos jurídicos y de ciberseguridad con plataformas e iniciativas regulatorias lideradas Estados Unidos y la Unión Europea.
Esta arquitectura diplomática dual busca blindar la infraestructura crítica chilena ante represalias geopolíticas, permitiendo al país beneficiarse de los bajos costos de la pila tecnológica autónoma china sin desvincularse de los mercados de capitales ni de los estándares de protección de datos occidentales.
4.1.3 México: despliegue previo de Alibaba y proyectos de aldea digital
La inserción de México en la dinámica de cooperación digital con la República Popular China posee un carácter marcadamente comercial, logístico y de inclusión social, condicionado por su proximidad geográfica y sus vínculos económicos estructurales con los Estados Unidos bajo el tratado del T-MEC. El enfoque mexicano se ha apoyado sólidamente en el despliegue previo de Alibaba, corporación que seleccionó al territorio mexicano como su base inicial en Mesoamérica para el tendido de capacidades de almacenamiento y servicios de computación en la nube empresarial. Esta infraestructura logística digital previa sirvió de plataforma técnica para el escalamiento de proyectos de economía social de base algorítmica.
El ejemplo más representativo de este enfoque se observa en los proyectos de aldea digital, implementados con notable éxito en ciertas regiones agrícolas como el estado de Puebla. Estas iniciativas aplican sistemas de gestión de inventarios, analítica predictiva de mercados y plataformas de comercio electrónico transfronterizo de matriz china para conectar a pequeños productores de fruta directamente con consumidores internacionales, logrando elevar sus márgenes de ganancia neta en un 20%.
Para México, la respuesta estatal no se articula mediante una adhesión formal a bloques normativos como WAICO —debido a las restricciones de alineación estratégica que impone la Pax Americana en América del Norte—, sino a través de una apropiación pragmática y descentralizada de las tecnologías chinas de comercio y logística para dinamizar las economías rurales y reducir la brecha social interna.
4.1.4 Argentina, Colombia, Perú: posiciones y casos
Las respuestas de Argentina, Colombia y Perú terminan de configurar este mapa heterogéneo, reflejando oscilaciones ligadas a sus coyunturas políticas internas y a sus necesidades específicas de desarrollo de infraestructura.
- En el caso de Argentina, la penetración tecnológica china se ha focalizado en el sector productivo primario mediante la gestión de zonas ganaderas con sistemas de posicionamiento satelital e identificación biométrica algorítmica, permitiendo una trazabilidad automatizada del ganado bovino. Sin embargo, las variaciones en la orientación ideológica de su política exterior han generado un avance intermitente en los compromisos normativos de alto nivel con Pekín.
- Colombia, por su parte, ha concentrado sus esfuerzos en la digitalización urbana y la transición energética, incorporando sistemas de nube y conectividad de proveedores chinos para la modernización de redes de servicios públicos en ciudades intermedias, manteniendo una postura cautelosa en el plano de la gobernanza global para evitar fricciones con sus socios tradicionales en materia de seguridad hemisférica.
- El caso de Perú constituye un nodo paradigmático de convergencia física y lógica. La implementación del sistema de tráfico inteligente en Lima, desarrollado de forma conjunta entre ingenieros peruanos y expertos de
4.2 La lógica de las elecciones estratégicas
4.2.1 La ansiedad por la soberanía digital
La adopción de tecnologías de Inteligencia Artificial de origen chino por parte de los países latinoamericanos responde a un fenómeno de la economía política contemporánea definido como la ansiedad por la soberanía digital.
Los gobiernos de la región han cobrado plena conciencia de que la infraestructura de datos, el almacenamiento en la nube y la capacidad algorítmica constituyen los nuevos pilares de la soberanía nacional y el desarrollo económico del siglo XXI.
Dejar el control total de estas capacidades informáticas en manos de un oligopolio transnacional de corporaciones estadounidenses expone a las naciones latinoamericanas a una vulnerabilidad extrema, donde sus políticas públicas digitales, la privacidad de sus ciudadanos y la seguridad de sus datos estatales quedan supeditadas a las leyes de seguridad y a las directrices políticas de Washington.
Esta ansiedad impulsa a los gobiernos latinoamericanos a buscar alternativas que les permitan edificar una infraestructura cognitiva y técnica propia. Al ofrecer modelos de código abierto y pesos abiertos avanzados, junto con el financiamiento estatal de centros de procesamiento de datos locales, el ecosistema digital chino es percibido como una herramienta de descompresión estratégica.
La tecnología china no se presenta ante la región como un mecanismo de subordinación ideológica, sino como una vía técnica que reduce el rezago informático y permite a los Estados de la región ejercer un mayor control sobre sus propios flujos informáticos, contrarrestando la asimetría histórica derivada del colonialismo digital occidental.
4.2.2 La diversificación
La segunda lógica que orienta las decisiones de las cancillerías latinoamericanas es el principio histórico de la diversificación estratégica. En un escenario internacional crecientemente multipolar y marcado por una intensa competencia geopolítica entre Washington y Pekín, las naciones de América Latina rechazan la noción de verse forzadas a elegir un bando exclusivo en la nueva Guerra Fría tecnológica. La región busca instrumentalizar esta competencia en su propio beneficio, aplicando una estrategia de neutralidad activa orientada a diversificar al máximo sus proveedores de infraestructura crítica, telecomunicaciones y software avanzado.
Bajo esta premisa, la inserción de la pila tecnológica autónoma y controlable china es utilizada como un contrapeso de mercado y de política exterior. Al integrar soluciones de Huawei o Alibaba en sus redes nacionales y participar en foros alternativos de gobernanza, los Estados latinoamericanos elevan su poder de negociación frente a los proveedores y agencias occidentales. La diversificación digital asegura que, ante eventuales sanciones coercitivas, bloqueos de licencias comerciales o giros imprevistos en la política exterior norteamericana, la infraestructura crítica del Estado —desde los sistemas de transporte inteligente hasta las plataformas de salud pública y conectividad agrícola— posea la redundancia técnica y la autonomía necesarias para garantizar su continuidad operativa e inmunidad geopolítica.
4.2.3 El debate brasileño sobre WAICO
Esta encrucijada de elecciones estratégicas adquiere su máxima densidad política e institucional en el debate brasileño sobre WAICO. Desde la firma del acuerdo constitutivo de la organización el 16 de julio de 2026 en Shanghái, los círculos diplomáticos, académicos y de formulación de políticas públicas en Brasilia se encuentran inmersos en una profunda deliberación sobre los alcances y riesgos de su participación fundacional.
Por un lado, sectores vinculados a la diplomacia presidencial y a los ministerios de ciencia y tecnología defienden la permanencia activa en WAICO, argumentando que el foro constituye una plataforma multilateral indispensable para que la región incida de manera vinculante en la redacción de las normas globales de la IA, promoviendo el acceso democrático al conocimiento y erosionando el proteccionismo tecnológico occidental del «patio pequeño y valla alta».
Por otro lado, sectores de la comunidad de inteligencia nacional, académicos críticos y representantes de la industria de software nativa expresan serias reservas.
Este sector del debate advierte que una inserción en WAICO sin salvaguardas estrictas podría transformar la pretendida cooperación horizontal en un nuevo vector de asimetría, donde Brasil se limite a proveer datos locales y validar el discurso de gobernanza de Pekín a cambio de infraestructura cerrada de hardware.
El debate brasileño refleja el dilema central de toda la región, cómo utilizar la arquitectura institucional y discursiva china para potenciar las capacidades soberanas del país sin sustituir la histórica dependencia tecnológica hacia Occidente por una nueva subordinación estructural hacia el ecosistema digital de la potencia asiática.
4.3 Tensiones y límites de la cooperación
4.3.1 La inversión latinoamericana en IA representa una proporción ínfima del total global (1,12%), y las carencias en infraestructura y talento limitan la profundidad de la cooperación
A pesar de la densa retórica cooperativa y del despliegue de iniciativas de comercio e infraestructura digital inteligente, la alianza tecnológica entre China y América Latina se enfrenta a severas restricciones estructurales derivadas de las profundas asimetrías de desarrollo que caracterizan a la región.
El límite más elocuente se manifiesta en términos financieros y presupuestarios: la inversión latinoamericana en Inteligencia Artificial representa una proporción ínfima del total global, alcanzando apenas el 1,12% del gasto mundial en investigación, desarrollo e implementación algorítmica.
Esta marginalidad presupuestaria contrasta radicalmente con las inversiones multimillonarias que ejecutan de forma pública y privada las superpotencias tecnológicas como China y Estados Unidos.
Esta brecha de capital se ve agravada por carencias endémicas en términos de infraestructura física y capital humano especializado. La mayoría de las naciones latinoamericanas carecen de centros nacionales de supercomputación dotados de la potencia de cálculo necesaria para procesar macrodatos a gran escala de forma independiente y sus redes de conectividad interna presentan severas asimetrías de cobertura entre los centros urbanos y las zonas rurales.
Asimismo, la región experimenta un déficit crónico de científicos de datos, ingenieros de software y programadores de alto nivel capaces de interactuar en condiciones de paridad técnica con los centros de diseño algorítmico de Shanghái o Shenzhen.
Estas limitaciones materiales y de talento restringen severamente la profundidad de la cooperación, relegando con frecuencia a las instituciones latinoamericanas al rol de receptoras pasivas de tecnología o meras recolectoras de datos locales, imposibilitadas para absorber e internalizar de manera efectiva la transferencia científica ofrecida por China.
Académicos brasileños han advertido que los beneficios de la cooperación dependen de que Brasil refuerce su propia infraestructura de cómputo y su soberanía de datos En el epicentro de estas tensiones, una corriente de destacados académicos y científicos de datos brasileños ha emitido severas advertencias respecto a los términos de la vinculación con el ecosistema digital asiático. Estos analistas y expertos en soberanía tecnológica sostienen de manera categórica que los beneficios reales de la participación de Brasil en iniciativas como WAICO o el codesarrollo de modelos lingüísticos avanzados están estrictamente condicionados a la ejecución de una estrategia nacional de inversión audaz y autónoma.
La advertencia académica enfatiza que la cooperación internacional no es un sustituto de las capacidades estatales internas. Si el país no financia sus propios laboratorios de computación de alto rendimiento ni fortalece sus marcos regulatorios de gobernanza de datos, la relación devendrá en un intercambio asimétrico de extracción de valor informático.
Para estos investigadores, el riesgo reside en que Brasil y el resto de la región latinoamericana se conviertan en meros laboratorios de validación para los algoritmos y modelos de visión artificial desarrollados en China, aportando los macrodatos demográficos, lingüísticos y biológicos de sus poblaciones sin retener las capacidades tecnológicas de frontera ni la propiedad intelectual de las soluciones generadas.
Por lo tanto, la academia brasileña exige al Estado la implementación de políticas públicas industriales que obliguen a las transnacionales chinas a transferir de manera efectiva el código fuente de sus desarrollos, a almacenar la información de forma exclusiva en centros de datos nacionales sujetos a las leyes de soberanía de datos locales y a cofinanciar la construcción de una red sudamericana de supercomputación que dote a la región de una verdadera autonomía técnica de procesamiento.
Los modelos abiertos chinos reducen las barreras de entrada, pero cultivar un ecosistema de innovación propio sigue siendo un desafío de largo plazo La proliferación de modelos fundacionales con pesos abiertos (open-weight) y el software libre provistos por firmas de vanguardia chinas como DeepSeek han transformado de manera innegable el panorama de la innovación digital en el Sur Global. Al liberar las arquitecturas lógicas de sus Grandes Modelos de Lenguaje, la estrategia china reduce drásticamente las barreras de entrada para los desarrolladores, universidades y agencias públicas de América Latina.
Las instituciones de la región ya no se ven obligadas a invertir recursos financieros prohibitivos en el desarrollo inicial de modelos desde cero, sino que pueden calibrar y especializar las arquitecturas abiertas provistas por Pekín para adaptarlas a los contextos y necesidades lingüísticas del español y el portugués, tal como opera la complementariedad técnica detrás de iniciativas como Latam-GPT.
Sin embargo, esta democratización del software no resuelve el problema de fondo del desarrollo tecnológico regional. Cultivar un ecosistema de innovación digital propio e independiente sigue constituyendo un desafío estructural de largo plazo para América Latina. El software abierto es inútil si la región permanece desprovista del hardware crítico —los microchips y aceleradores de IA— necesarios para ejecutar y reentrenar esos modelos de forma soberana, un sector donde la dependencia hacia las cadenas de suministro externas es total.
Asimismo, la falta de capital de riesgo local, el rezago en las patentes científicas y la constante fuga de cerebros hacia los mercados del Norte Global limitan la capacidad de la región para transformar la transferencia tecnológica china en una industria digital nativa y sostenible.
América Latina se enfrenta de este modo al riesgo latente de una nueva forma de subordinación, una dependencia de alta tecnología donde, a pesar de contar con acceso al código abierto, las bases materiales, el hardware de supercomputación y las reglas normativas de la inteligencia artificial continúen dictándose fuera de sus fronteras soberanas.
Parte QuintaLos efectos geopolíticos y la evaluación de las perspectivas
5.1 La competencia chino-estadounidense en IA en América Latina
5.1.1 La divergencia de caminos entre la iniciativa estadounidense «Pax Silica» y la WAICO
El escenario contemporáneo de la gobernanza digital global se encuentra fracturado por una profunda bifurcación normativa e institucional que tiene a América Latina como uno de sus principales tableros de disputa.
Esta fragmentación se materializa en la contradicción estructural entre la iniciativa estratégica de los Estados Unidos, conocida formalmente como la «Pax Silica» y la arquitectura institucional multilateral impulsada por la República Popular China a través de la Organización Mundial de Cooperación en Inteligencia Artificial (WAICO).
El modelo de la «Pax Silica» se fundamenta en una concepción de seguridad nacional y geoeconomía defensiva que busca consolidar un bloque tecnológico cerrado entre democracias industrializadas de la OCDE. Esta estrategia estadounidense recurre a mecanismos de exclusión regulatoria, controles estrictos a la exportación de tecnologías de doble uso y la doctrina del friend-shoring para evitar el flujo de capacidades computacionales críticas hacia regímenes que Washington cataloga como autocracias digitales.
Para la diplomacia norteamericana, la gobernanza de la IA debe estar supeditada a estándares de alineación política y supervisión ética occidental, condicionando el acceso al hardware y al software de frontera a la aceptación de marcos de ciberseguridad e inspección ideológica.
En oposición diametral a este diseño unipolar, WAICO promueve un camino de inclusión incondicional y descentralización normativa orientado de forma explícita hacia las necesidades del Sur Global. Fundada formalmente en Shanghái, la organización establece en sus estatutos que la cooperación técnica, el financiamiento y la transferencia tecnológica en IA constituyen derechos soberanos de los Estados, desvinculados de cualquier examen sobre el tipo de régimen político interno o las orientaciones de política exterior de sus miembros.
Mientras que la «Pax Silica» estadounidense levanta barreras comerciales y regulatorias restrictivas bajo la premisa del «patio pequeño y valla alta», WAICO ofrece un foro intergubernamental de equidad soberana donde cada nación posee un voto equivalente.
Esta divergencia de caminos sitúa a las cancillerías latinoamericanas ante la disyuntiva histórica de integrarse en un club tecnológico selecto occidental que exige alineación geopolítica y fiscalización a cambio de seguridad en el suministro, o participar en una arquitectura multilateral paralela que promete democratización del conocimiento e inmunidad frente a sanciones coercitivas externas.
China penetra en los mercados emergentes con "relación calidad-precio + código abierto", diferenciándose del dominio preexistente de los gigantes tecnológicos estadounidenses La inserción comercial de las corporaciones transnacionales chinas en los mercados emergentes de América Latina ha fracturado el monopolio histórico que los gigantes tecnológicos estadounidenses —como Google, Microsoft, Amazon y Meta— ejercían sobre la infraestructura digital y los servicios informáticos regionales. El éxito de esta penetración no descansa en una réplica de las estrategias de mercado occidentales, sino en el despliegue de una fórmula competitiva disruptiva basada en la combinación de «relación calidad-precio + código abierto».
Las empresas chinas, fuertemente respaldadas por subsidios estatales y la banca de desarrollo de Pekín, ofrecen hardware crítico, redes de conectividad de quinta y sexta generación (5G/6G) y servicios de procesamiento en la nube a costos significativamente inferiores a los del mercado internacional. Esta accesibilidad financiera resulta determinante para gobiernos y corporaciones de América Latina que operan bajo severas restricciones presupuestarias y asimetrías de capital.
Esta ventaja en costos se potencia mediante el impulso estratégico al software de código abierto y a los modelos con pesos abiertos (open-weight) avanzados. Al liberar arquitecturas lógicas complejas de frontera computacional, el ecosistema digital chino reduce de forma drástica las barreras de entrada para los científicos de datos y las agencias públicas latinoamericanas, permitiéndoles calibrar y especializar modelos locales de forma independiente sin el pago de costosas licencias propietarias obligatorias en el modelo de negocios de Silicon Valley.
De este modo, la competencia chino-estadounidense que se presenta en los capítulos introductorios del trabajo como un marco macro-global abstracto reaparece aquí en su dimensión regional concreta. No se trata de una repetición teórica, sino de una verificación empírica de cómo la disputa por la hegemonía algorítmica se encarna en un espacio geográfico determinado y con actores políticos definidos.
América Latina deja de ser un espectador de la Guerra Fría tecnológica para convertirse en el territorio donde el dominio preexistente de las API cerradas estadounidenses es desafiado diariamente por el despliegue físico e informático de la pila tecnológica autónoma china.
5.2 El posicionamiento de América Latina entre China y Estados Unidos
5.2.1 La posibilidad de que Brasil asuma un papel de «puente»: mantener simultáneamente el diálogo tecnológico con China y Estados Unidos
Ante la agudización de la polarización geoeconómica entre Washington y Pekín, la República Federativa de Brasil emerge como el único actor estatal en la región con la escala macroeconómica, el peso institucional y la tradición diplomática necesarios para intentar eludir una alineación forzada y asumir un papel de «puente» tecnológico global. La estrategia de la diplomacia brasileña se orienta a implementar una política de neutralidad activa y autonomía estratégica que le permita mantener canales de cooperación abiertos de manera simultánea con ambas superpotencias. En el vector occidental, Brasil preserva densos vínculos comerciales, financieros y de ciberseguridad con los Estados Unidos y la Unión Europea, integrando estándares occidentales de protección de datos personales y participando en consorcios de investigación académica transatlántica.
De forma paralela y concurrente, el Estado brasileño consolida su presencia fundacional en WAICO y profundiza sus alianzas de coinnovación digital con la República Popular China dentro de la arquitectura de los BRICS ampliado. Esta posición
superpotencias en beneficio del desarrollo industrial interno, utilizando el software de código abierto chino para traccionar proyectos soberanos regionales como Latam-GPT, mientras utiliza este mismo acercamiento a Pekín como una palanca de negociación para exigir mayor transferencia tecnológica y financiamiento a los gigantes tecnológicos norteamericanos.
No obstante, la viabilidad de este papel de puente se enfrenta a severas tensiones de largo plazo. A medida que la «Pax Silica» estadounidense y la pila autónoma china profundicen su incompatibilidad técnica e informática, la capacidad brasileña de operar sistemas híbridos y mantener un doble diálogo regulatorio se verá sometida a presiones geopolíticas extremas que amenazan con fracturar la propia cohesión de sus agendas digitales nacionales.
5.2.2 La función y los límites de las organizaciones de integración regional (CELAC) como interfaz de los mecanismos de cooperación china
En la búsqueda de un mecanismo de articulación colectiva que permita atenuar las asimetrías de poder frente al gigante asiático, la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) ha sido seleccionada formalmente como la principal interfaz institucional para la canalización de los foros de cooperación digital entre China y la región.
El Foro CELAC-China ha servido como el espacio diplomático idóneo para la redacción de declaraciones conjuntas, el establecimiento de planes de acción en ciencia y tecnología, y la coordinación de agendas de conectividad rural y economía digital. Como interfaz regional, la CELAC posee la función estratégica de dotar a las repúblicas latinoamericanas de una plataforma de concertación multilateral que, teóricamente, debería elevar su capacidad de negociación frente a las agencias estatales y corporaciones de Pekín, evitando la fragmentación derivada de las negociaciones estrictamente bilaterales.
Sin embargo, la efectividad operativa de esta interfaz se encuentra severamente limitada por las contradicciones y debilidades institucionales endógenas. A diferencia de otros bloques fuertemente integrados, la CELAC carece de una secretaría técnica permanente con capacidades de fiscalización vinculante y sufre de una crónica fragmentación política e ideológica entre sus Estados miembros.
Esta falta de cohesión interna impide el establecimiento de una posición regulatoria unificada en materia de Inteligencia Artificial, soberanía de datos o estándares de ciberseguridad frente a la oferta china. Por consiguiente, mientras Pekín despliega una estrategia de planificación centralizada de largo alcance, la respuesta latinoamericana a través de la CELAC se diluye en declaraciones de principios bienintencionadas pero desprovistas de mecanismos de ejecución reales.
Al final, la debilidad de este marco de integración regional permite que China continúe operando de forma bilateral con cada Estado, aprovechando las necesidades financieras y tecnológicas particulares de cada país para avanzar en su penetración infraestructural sin encontrar un contrapeso normativo regional consolidado.
5.3 Perspectivas
5.3.1 La ruta de actualización desde la «exportación de infraestructura» hacia la «construcción conjunta de capacidades»
Las proyecciones sobre las relaciones tecnológicas entre China y América Latina para la próxima década apuntan hacia una mutación profunda en la naturaleza de sus intercambios. El modelo primario centrado exclusivamente en la "exportación de infraestructura" —caracterizado por la venta de redes de telecomunicaciones, la instalación física de servidores de Huawei o Alibaba y el despliegue de software de videovigilancia cerrado— se encuentra en una fase de agotamiento relativo y transición adaptativa.
La nueva hoja de ruta estratégica diseñada por Pekín y demandada por las principales capitales latinoamericanas se orienta formalmente hacia la "construcción conjunta de capacidades" (capacity building). Esta ruta de actualización implica una transición desde una lógica de consumo tecnológico pasivo hacia un modelo de coinnovación y transferencia científica activa.
Esta actualización se materializa en la proliferación de laboratorios de investigación conjuntos dedicados al entrenamiento de modelos fundacionales adaptados a las realidades hispanohablantes y luso-brasileñas, el co-diseño de algoritmos aplicados a la mitigación del cambio climático y la agricultura de precisión, y el financiamiento de programas de alta especialización para ingenieros latinoamericanos en los centros de supercomputación de Shanghái.
Para China, esta transición es fundamental para relegitimar su presencia en la región, diluyendo las acusaciones occidentales de «neocolonialismo digital»
mediante la demostración de beneficios tangibles en el capital humano local. Para América Latina, representa la única vía técnica disponible para asimilar el conocimiento de frontera y evitar que la infraestructura digital asiática instalada en su territorio funcione como una simple plataforma de extracción de macrodatos sin valor agregado doméstico.
5.3.2 ¿Puede la cooperación en gobernanza de IA convertirse en un nuevo pilar institucional de las relaciones China-América Latina?
El análisis de los marcos institucionales sugiere que la cooperación en la gobernanza algorítmica posee el potencial político para constituirse en el nuevo pilar institucional estratégico de las relaciones bilaterales entre China y América Latina, desplazando el eje histórico tradicional centrado de forma exclusiva en el intercambio asimétrico de materias primas por bienes manufacturados.
En un contexto global donde la regulación de los flujos de datos y la soberanía de los sistemas inteligentes definen la jerarquía del poder internacional, la coincidencia discursiva y normativa entre Pekín y el Sur Global ofrece una base de legitimación política sólida.
La propuesta china de edificar un sistema de gobernanza global de la IA "justo y razonable", centrado en el desarrollo social y desprovisto de condicionamientos políticos ideológicos, resuena con fuerza en las cancillerías latinoamericanas que buscan democratizar los foros internacionales.
Para que esta cooperación se consolide como un pilar institucional duradero, se requiere la formalización de tratados multilaterales específicos y la incorporación sistemática de los ministerios de ciencia, tecnología y telecomunicaciones de la región dentro de las estructuras técnicas de WAICO. De lograrse esta institucionalización, la relación sino-latinoamericana adquirirá una densidad política inédita, blindándose frente a los ciclos de inestabilidad política interna y los cambios de signo ideológico en los gobiernos de la región.
La gobernanza de la IA dejaría de ser un tema sectorial subordinado para transformarse en la matriz regulatoria que condicione las alianzas industriales, la seguridad nacional y la inserción internacional de América Latina dentro del orden multipolar contemporáneo.
5.3.3 ¿Puede América Latina pasar de ser «tercer espacio» a ser actor con capacidad de agencia en la gobernanza global de IA, o la estructura de la disputa hegemónica lo impide?
La interrogante teórica y política crucial que define el cierre de esta investigación gira en torno a los límites de la autonomía regional. América Latina tiene la capacidad real de transicionar desde su condición histórica de «tercer espacio» de disputa hacia la categoría de actor soberano con agencia propia en la gobernanza global de la IA, o la naturaleza de la competencia hegemónica lo impide de forma absoluta. La condición de «tercer espacio» define a la región como un territorio geográfico y digital subordinado, un campo de batalla donde las superpotencias despliegan sus tecnologías, ensayan sus marcos regulatorios y extraen macrodatos e insumos críticos sin que las poblaciones locales posean la facultad de incidir en el diseño de las reglas internacionales de la sociedad de la información.
El análisis de las tensiones estructurales revela que, a pesar de esfuerzos científicos colectivos notables como el desarrollo de Latam-GPT o el pragmatismo diplomático implementado por Brasil y Chile, la estructura rígida de la disputa hegemónica unipolar-bipolar ejerce una fuerza de gravedad que tiende a neutralizar la autonomía latinoamericana.
El rezago crónico de la región en la producción de hardware crítico (semiconductores), su ínfima participación del 1,12% en la inversión global en IA, y la falta de una arquitectura de integración regional cohesionada con capacidades vinculantes, limitan severamente la profundidad de su agencia técnica.
Mientras América Latina carezca de la base material y computacional necesaria para sostener de forma independiente sus propios modelos y resguardar soberanamente sus infraestructuras de datos, la región permanecerá bajo el riesgo inminente de una nueva subordinación estructural.
En última instancia, la disputa entre la «Pax Silica» estadounidense y la pila autónoma china tiende a encapsular las opciones regionales dentro de una lógica binaria de alineación forzada, convirtiendo la aspiración de una agencia digital latinoamericana propia en un desafío histórico de largo plazo cuya resolución dependerá de la capacidad de la región para edificar una supercomputación soberana y una unidad política continental hoy ausentes.
ResumenResumen General
La presente investigación analiza la inserción estratégica de la República Popular China (RPCh) en el ecosistema de la Inteligencia Artificial (IA) en América Latina, desglosando una compleja dinámica que transita desde la economía política interna del país asiático hasta las disputas normativas globales. El documento se articula en torno a una doble lógica estratégica de carácter nacional: el motor de la competitividad económica —que concibe a la IA como una "nueva fuerza productiva de calidad" para contrarrestar el freno del crecimiento y las presiones demográficas chinas— y el motor de la soberanía tecnológica, el cual surge como una respuesta defensiva existencial ante las sanciones estadounidenses sobre semiconductores, obligando a Pekín a edificar una pila tecnológica de IA «autónoma y controlable».
A nivel internacional, China ha desarrollado una sofisticada diplomacia normativa mediante la fundación, el 16 de julio de 2026 en Shanghái, de la Organización Mundial de Cooperación en Inteligencia Artificial (WAICO). Con 29 países fundadores (expandidos rápidamente a 37), este organismo intergubernamental propone un «sistema de gobernanza global de la IA justo y razonable», bajo una retórica «centrada en las personas, inteligente y benévola» que contrasta con el enfoque proteccionista occidental del «patio pequeño y valla alta».
La implementación práctica de esta estrategia en América Latina se despliega en tres fases consecutivas:
- 1. Infraestructura digital previa: consolidada a través del hub de nube de Huawei en Chile, las dos regiones de nube de Alibaba en São Paulo y el tendido de redes 5G.
- 2. Penetración industrial específica: traducida en proyectos de agricultura inteligente en Brasil y Argentina, plataformas de inspección energética y automatización en el Puerto de Santos, y proyectos de inclusión socioeconómica como la «Aldea Digital» en Puebla, México, que ha elevado los márgenes de los productores agrícolas locales en un 20%.
- 3. Cooperación en talento y adaptación tecnológica: orientada al codesarrollo de modelos multilingües en español y portugués, y a la complementariedad técnica en iniciativas soberanas de código abierto como Latam-GPT en Chile.
Finalmente, el estudio cartografía un mapa regional heterogéneo donde coexisten el liderazgo institucional de Brasil, el pragmatismo de red de Chile y la inserción logística de México, enfrentados a los límites materiales de una región cuya inversión en IA representa apenas el 1,12% del total global.
ConclusionesConclusiones
- La fractura del orden digital global en América Latina: la confrontación entre la «Pax Silica» estadounidense y la arquitectura intergubernamental de la WAICO ha convertido a América Latina en un escenario prioritario de la disputa geopolítica por la IA. La región ya no es un mero observador de la competencia entre grandes potencias, sino un espacio de verificación empírica donde se tensionan los estándares lógicos y las infraestructuras de datos del futuro.
- Pragmatismo geoeconómico frente a la ansiedad soberana: la adopción de la pila tecnológica china por parte de los gobiernos latinoamericanos no
- El nuevo pilar de la relación Sino-Latinoamericana: la cooperación en gobernanza y capacidades lógicas de IA está mutando desde una transferencia de infraestructura física rígida hacia una «construcción conjunta de capacidades». Esta transición tiene el potencial político de constituirse en el nuevo pilar institucional de las relaciones bilaterales, superando el patrón histórico asimétrico de intercambio de materias primas por manufacturas de bajo valor agregado.
- Los límites estructurales de la agencia latinoamericana: A pesar de hitos de resistencia cognitiva regional como el modelo de código abierto Latam-GPT o el activismo multilateral de Brasil en foros como WAICO, la asimetría material de la región representa un límite crítico. Con solo el 1,12% del presupuesto mundial de inversión en IA, un déficit endémico de capital humano de alta especialización y una crónica fragmentación institucional en organismos como la CELAC, América Latina corre el riesgo de permanecer como un «tercer espacio» de disputa hegemónica. Pasar de ser un laboratorio de extracción de macrodatos a un actor con agencia real en la gobernanza global dependerá de la capacidad de los Estados regionales para financiar infraestructuras de supercomputación soberanas y consolidar un bloque regulatorio continental unificado.
Cómo citar este ensayo
Emmerich, N. y Chong Pineda, M. (2026). Geopolítica china de la IA en América Latina [Ensayo académico]. Centro de Estudios en Estrategia y Políticas Públicas (CEEYPP). https://ceeypp.org/informes/geopolitica-china-ia-america-latina/
FuentesFuentes bibliográficas
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