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Claves CEEYPP — Panorama para la decisión · N° 12

La guerra política digital de China y sus implicaciones para la soberanía tecnológica de América Latina: del caso «Hands Off Asia!» a la vulnerabilidad informacional regional

Ensayo académico · Septiembre de 2026 · 30 páginas · ~30 min de lectura
⚠ Ensayo invitado. Las opiniones, análisis y conclusiones de este documento son responsabilidad exclusiva de su autor y no representan la posición institucional del CEEYPP. Se publica por su interés analítico para el estudio de la geopolítica y la seguridad en América Latina.
Infografía de síntesis: seis paneles resumen la arquitectura de la guerra política digital china en América Latina —amplificación algorítmica anómala en TikTok (9.5 desviaciones estándar sobre lo esperado), financiamiento/algoritmos/activismo local como infraestructura tripartita, el «núcleo de verdad» que captura agravios genuinos, la dependencia en infraestructura crítica china (ECU-911, Huawei, ZTE) y una agenda de soberanía tecnológica de tres pilares: diversificación, auditoría algorítmica y protección de datos.
Figura 1. Síntesis visual del argumento: la soberanía de fachada en América Latina.

Sección 1Introducción

En marzo de 2026, tres palabras publicadas en la cuenta de X de Vijay Prashad, director de Tricontinental: Institute for Social Research, dieron inicio a una campaña que en cuestión de cinco meses recorrió el trayecto que va de un enunciado digital a la movilización callejera en suelo estadounidense (Tatlow, 2026). El eslogan «Hands Off Asia!» fue lanzado formalmente el 30 de abril, fecha elegida deliberadamente por coincidir con el aniversario de la caída de Saigón, y fue impulsado desde Pekín por Tings Chak, coordinadora de Tricontinental para Asia. De ahí saltó a una conferencia en Colombo, Sri Lanka, donde se transformó en una declaración firmada por decenas de organizaciones, y finalmente llegó a Filadelfia y Nueva York, donde grupos como la Anti-Imperialist South Asian Alliance y Nodutdol organizaron reuniones cerradas y manifestaciones públicas, incluyendo un evento sobre «insurgencia» en el que se exigió el uso de mascarillas no por razones sanitarias, sino como medida de contravigilancia (Tatlow, 2026). Una investigación periodística de la revista Newsweek, apoyada en un análisis técnico de la firma israelí SpringAI, documentó además que en al menos tres países asiáticos el contenido de la campaña recibía en TikTok una amplificación algorítmica muy superior a la que su nivel de interacción orgánica podría explicar, con picos de hasta 9.5 desviaciones estándar por encima de lo esperado (Tatlow, 2026).

Este caso, aunque geográficamente centrado en Asia y Estados Unidos, plantea una pregunta que interpela directamente a América Latina: ¿en qué medida la región es hoy un terreno fértil para el mismo tipo de operación, entendida no como un episodio aislado, sino como la expresión de una doctrina más amplia de guerra política que Pekín ha cultivado durante décadas dentro del Partido Comunista Chino (PCCh) y el Ejército Popular de Liberación? El presente ensayo sostiene que América Latina no solo es vulnerable a este tipo de campañas de influencia digital, sino que ya posee buena parte de la infraestructura material y relacional que las hace posibles: una dependencia tecnológica consolidada en telecomunicaciones y sistemas de videovigilancia de origen chino, una red de organizaciones vinculadas al aparato del Frente Unido y al ecosistema financiado por el empresario Neville Roy Singham, y un entorno mediático digital —particularmente en plataformas como TikTok— cuya gobernanza algorítmica escapa al control de los Estados de la región.

La tesis central de este trabajo es que la vulnerabilidad informacional de América Latina frente a la guerra política china no puede comprenderse como un fenómeno meramente comunicacional o propagandístico, sino que debe leerse a la luz del marco teórico del colonialismo de datos (Couldry & Mejias, 2018, 2019) y de la colonialidad del poder (Quijano, 2000): la capacidad de un actor externo para modelar percepciones, movilizar activismo y erosionar la legitimidad de un adversario geopolítico depende, en última instancia, del control que ese actor — o sus proveedores tecnológicos— ejerce sobre la infraestructura de datos y comunicación que sostiene la vida pública de los países de la región. Para sustentar esta tesis, el ensayo se organiza en cinco partes. En primer lugar, se expone el marco teórico que articula el colonialismo de datos, la doctrina china de guerra política y el marco de no alineamiento activo propuesto para la política exterior latinoamericana. En segundo lugar, se reconstruye con mayor detalle la anatomía de la campaña «Hands Off Asia!» como estudio de caso. En tercer lugar, se analiza la proyección de estos mecanismos hacia América Latina a través de cuatro dimensiones: la infraestructura crítica de vigilancia, las redes del Frente Unido y del ecosistema Singham, la manipulación algorítmica en TikTok, y la convergencia narrativa observable en la región. En cuarto lugar, se introduce el concepto de «soberanía de fachada» para explicar la brecha entre la autonomía declarada de los Estados latinoamericanos y su dependencia estructural de proveedores tecnológicos extranjeros. Finalmente, se ofrecen implicaciones de política pública orientadas a fortalecer la soberanía tecnológica regional sin renunciar a los beneficios de la cooperación con China.

Sección 2Marco teórico

2.1 Colonialismo de datos y coloniality del poder

El concepto de colonialismo de datos, desarrollado por Couldry y Mejias (2018, 2019), sostiene que la relación contemporánea entre las grandes corporaciones tecnológicas y los usuarios reproduce, en clave digital, la lógica extractiva del colonialismo histórico: así como las potencias europeas se apropiaron de tierras y recursos naturales bajo la justificación de una misión civilizatoria, las corporaciones tecnológicas de Estados Unidos y China se apropian hoy de los datos generados por la vida social como si fueran un recurso «que simplemente está ahí» para ser extraído, bajo el discurso benevolente de la conectividad y el progreso (Couldry & Mejias, 2023). Esta perspectiva ha sido matizada por autores como Kwet (2019), quien prefiere el término «colonialismo digital» para describir específicamente la dominación económica ejercida por las grandes tecnológicas estadounidenses sobre la arquitectura de software, hardware y conectividad en el Sur Global, argumentando que dicho control estructural genera formas de dominación política y cultural que exceden la mera extracción de datos.

Ambas perspectivas dialogan con la noción de colonialidad del poder formulada por Quijano (2000), quien argumentó que la dominación colonial no terminó con la independencia política de las naciones latinoamericanas, sino que se reprodujo a través de nuevas jerarquías raciales, epistémicas y económicas que continúan estructurando la posición periférica de la región en el sistema mundial. Trasladado al ámbito digital, este marco permite entender por qué la dependencia tecnológica latinoamericana —ya sea de proveedores estadounidenses o chinos— no es un problema meramente técnico o comercial, sino una cuestión de poder que condiciona la capacidad de los Estados de la región para tomar decisiones autónomas sobre su propia infraestructura informacional (Ricaurte, 2019). Es importante subrayar, sin embargo, que ninguno de estos marcos teóricos concibe a Estados Unidos y a China como actores moralmente equivalentes: el colonialismo de datos, tal como lo formulan Couldry y Mejias (2023), advierte que las élites tecnológicas de ambos países son las principales beneficiarias del nuevo régimen extractivo, lo cual permite analizar la dependencia latinoamericana frente a China sin caer en una lectura ingenua que idealice a Washington como alternativa neutral.

2.2 La guerra política china: del Frente Unido a la doctrina de «vencer sin combatir»

Para comprender el mecanismo operativo detrás de campañas como «Hands Off Asia!», resulta indispensable recurrir al concepto de guerra política tal como lo ha sistematizado Gershaneck (2020) en su estudio sobre la estrategia china para «vencer sin combatir». Según este autor, la guerra política —un término acuñado en la planificación estratégica estadounidense de la Guerra Fría y posteriormente abandonado por Washington tras 1989— consiste en el empleo de todos los medios disponibles, por debajo del umbral del conflicto armado, para alcanzar objetivos nacionales: propaganda, infiltración de organizaciones civiles, cultivo de relaciones con élites extranjeras y manipulación de la esfera informativa. El PCCh ha convertido esta doctrina en un pilar central de su proyección internacional a través del Departamento de Trabajo del Frente Unido, descrito por el propio Xi Jinping como un «arma mágica» del partido (citado en Dialogo Américas, 2026a). El Frente Unido opera mediante una arquitectura difusa de asociaciones de la diáspora, cámaras de comercio, centros de amistad bilateral y redes académicas que buscan construir relaciones de largo plazo con políticos, empresarios, académicos y periodistas locales, desdibujando la línea entre el interés privado y los objetivos del partido-Estado (Dialogo Américas, 2026a; The Watch, 2025).

Un rasgo distintivo de esta estrategia, documentado tanto en el caso estadounidense como en el latinoamericano, es su dependencia de organizaciones aparentemente independientes que amplifican mensajes alineados con los intereses de Pekín sin necesidad de una afiliación formal y verificable. El caso de la red financiada por Neville Roy Singham —que incluye a Tricontinental, la Asamblea Internacional de los Pueblos, CodePink y el People's Forum, entre otras organizaciones— ilustra este patrón: se trata de una arquitectura de entidades interconectadas por juntas directivas compartidas, financiamiento opaco canalizado a través de fondos filantrópicos y una coincidencia sistemática en los temas y momentos de sus campañas (Insurrectionbarbie, 2026; ADN Cuba, 2026). Analistas como James Lewis, del Center for Strategic and International Studies, señalan que este tipo de operación no depende de la exactitud de sus afirmaciones, sino de la repetición constante de mensajes que resuenan con creencias o suspicacias ya existentes en la sociedad objetivo (citado en Tatlow, 2026).

2.3 El no alineamiento activo como marco de respuesta latinoamericana

Frente a la intensificación de la competencia entre Estados Unidos y China, un sector de la academia latinoamericana ha propuesto el concepto de «no alineamiento activo» (NAA) como estrategia de política exterior. Formulado inicialmente por Fortin, Heine y Ominami (2023) como respuesta a las presiones ejercidas por Washington sobre la región durante la primera administración Trump, el NAA plantea que los países latinoamericanos deben priorizar sus intereses nacionales sin subordinarse ni a Estados Unidos ni a China, adoptando una posición de «equidistancia» que les permita beneficiarse de la relación con ambas potencias sin quedar atrapados en su disputa (Heine, 2021). Este marco resulta particularmente relevante para el argumento del presente ensayo, porque plantea una tensión que rara vez se aborda en la literatura sobre no alineamiento: una estrategia de equidistancia diplomática presupone que los Estados de la región cuentan con la capacidad soberana de evaluar de manera independiente las operaciones de influencia de ambas potencias. Sin embargo, como se argumentará más adelante, la dependencia estructural de la infraestructura digital china —en telecomunicaciones, videovigilancia y plataformas de redes sociales— puede erosionar precisamente esa capacidad de evaluación autónoma, convirtiendo la equidistancia declarada en una aspiración normativa que no siempre se corresponde con la realidad material de la dependencia tecnológica.

Balanza que representa la paradoja del No Alineamiento Activo: un platillo con el postulado de equidistancia diplomática y otro con la falla estructural —la evaluación autónoma es imposible si la infraestructura digital ya está comprometida—, apoyada sobre un servidor de datos.
Figura 2. La paradoja del No Alineamiento Activo (NAA).
Diagrama de Venn con tres círculos —colonialismo de datos (Couldry y Mejias), colonialidad del poder (Quijano) y guerra política (Gershaneck)— convergiendo en la infraestructura digital como vector de dominación estructural.
Figura 3. La convergencia del dominio digital y el poder asimétrico: colonialismo de datos, colonialidad del poder y guerra política.

Sección 3Anatomía de una campaña transnacional: el caso «Hands Off Asia!»

El valor analítico del caso «Hands Off Asia!» para el estudio de la guerra política china en América Latina no reside únicamente en su contenido —la oposición a las bases militares estadounidenses en Asia— sino en su arquitectura operativa, que constituye un modelo replicable en otros contextos regionales. La investigación de Tatlow (2026) para Newsweek identifica tres componentes que conviene distinguir analíticamente: el componente de financiamiento y coordinación organizacional, el componente de amplificación algorítmica, y el componente de aterrizaje local a través de grupos activistas preexistentes.

En el plano organizacional, la campaña fue lanzada por una red financiada extensamente por Singham, un empresario tecnológico estadounidense radicado en Shanghái que, según reportes periodísticos posteriores a una investigación del New York Times de 2023, ha canalizado cientos de millones de dólares hacia organizaciones no gubernamentales, medios de comunicación y grupos activistas en Estados Unidos, Europa, África, Asia y América Latina (ADN Cuba, 2026). El Departamento de Justicia estadounidense investiga actualmente si esta red incurrió en delitos financieros, y el Congreso ha emitido citaciones a Tricontinental y a otras dos organizaciones (Tatlow, 2026). La Asamblea Internacional de los Pueblos, organizadora principal de la Declaración de Colombo que dio forma jurídica al eslogan, se autodescribe como una red de más de doscientas organizaciones sociales, movimientos y sindicatos distribuidos en seis continentes (Tatlow, 2026; Insurrectionbarbie, 2026).

Anatomía forense de la campaña «Hands Off Asia!» en cuatro pasos, de marzo a septiembre de 2026: el enunciado digital en X, la oficialización en una conferencia en Colombo, la inyección algorítmica en TikTok y la movilización física en manifestaciones callejeras estadounidenses.
Figura 4. Anatomía forense de una operación: el caso «Hands Off Asia!» (marzo-septiembre de 2026).

En el plano de la amplificación algorítmica, el hallazgo más significativo de la investigación es el análisis proporcionado por SpringAI, una firma israelí especializada en la transparencia de algoritmos de redes sociales. A través de una metodología que combina paneles de usuarios humanos y automatizados, SpringAI documentó que, entre el 30 de abril y el 7 de septiembre de 2026, decenas de miles de videos en TikTok transmitieron siete narrativas específicas asociadas a la campaña, y que la narrativa central —la idea de que las bases estadounidenses constituyen una amenaza y no una garantía de seguridad— fue servida a un panel de aproximadamente 450 usuarios automatizados más de 300 000 veces (Tatlow, 2026). Según Yehonatan Dodeles, director de tecnología de SpringAI, la firma no afirma que exista intencionalidad deliberada por parte de TikTok, sino que los datos respaldan la existencia de una amplificación que el desempeño de interacción del propio contenido no explica, y que, independientemente de la intención, la responsabilidad por el comportamiento del sistema recae en la plataforma (citado en Tatlow, 2026). Un experto independiente consultado por Newsweek, Tim Niven, corroboró que el algoritmo servía el contenido de la campaña muy por encima de lo que sería razonable dado su desempeño de interacción, aunque también advirtió que este hallazgo no prueba intencionalidad (citado en Tatlow, 2026).

Gráfico de dispersión de la evidencia de SpringAI: la narrativa central de la campaña recibió picos de hasta 9.5 desviaciones estándar de amplificación algorítmica muy por encima de lo que explicaría su tracción orgánica de interacción.
Figura 5. La evidencia de SpringAI: cuando el algoritmo reemplaza a la tracción orgánica.

Finalmente, en el plano del aterrizaje local, la campaña se apoyó en organizaciones ya existentes en el tejido activista estadounidense —como la Anti-Imperialist South Asian Alliance y Nodutdol— que compartían agravios genuinos (la presencia militar estadounidense en Okinawa, Corea del Sur o Filipinas) pero que, sistemáticamente, omitían cualquier mención crítica hacia China como actor geopolítico (Tatlow, 2026). Este patrón coincide con lo que la literatura sobre desinformación denomina el «núcleo de verdad»: las operaciones de influencia más efectivas no inventan agravios desde cero, sino que capturan y redirigen descontentos reales hacia una narrativa que sirve a los intereses del actor que la promueve (Tatlow, 2026).

Sección 4La proyección hacia América Latina

Aceptada la arquitectura tripartita del caso «Hands Off Asia!» —financiamiento y coordinación, amplificación algorítmica, y aterrizaje sobre agravios locales preexistentes— resulta pertinente preguntar en qué medida cada uno de estos componentes ya se encuentra presente en América Latina. La respuesta, como se argumenta en esta sección, es que la región no solo comparte estos tres componentes, sino que posee un cuarto elemento que la distingue de Estados Unidos: una infraestructura crítica de telecomunicaciones y videovigilancia provista directamente por empresas chinas, lo cual profundiza la asimetría de poder entre el emisor y el receptor de la campaña de influencia.

Cuadrante de vulnerabilidad latinoamericana con cuatro componentes: la trampa de la infraestructura crítica (videovigilancia y telecomunicaciones estatales chinas), las redes del Frente Unido, la caja negra algorítmica de TikTok y la convergencia narrativa que instrumentaliza agravios locales genuinos.
Figura 6. Proyección regional: el cuadrante de vulnerabilidad latinoamericano.

4.1 Infraestructura crítica y dependencia tecnológica: el legado del ECU-911

A diferencia de Estados Unidos, donde la disputa geopolítica con China se libra fundamentalmente en el terreno de las plataformas digitales y el financiamiento de organizaciones civiles, en América Latina la presencia china se ha consolidado también en la infraestructura física que sostiene la seguridad ciudadana y las telecomunicaciones. El caso paradigmático es el sistema ECU-911 de Ecuador, construido por las empresas estatales chinas CEIEC y Huawei, que integra cámaras de videovigilancia, sensores urbanos y centros de monitoreo en todo el territorio nacional (Álvarez-Velasco & Vila-Seoane, 2023). Si bien los promotores oficiales del proyecto han insistido en que no existe evidencia concluyente de que el sistema haya sido utilizado con fines de vigilancia autoritaria por parte de China, la propia literatura académica sobre el caso reconoce que la transferencia de infraestructura visible —cámaras, antenas, centros de control— no estuvo acompañada de una transferencia efectiva de soberanía técnica: el procesamiento de los datos, el mantenimiento estratégico de los sistemas y el almacenamiento de la información continúan dependiendo de proveedores externos (Expediente Público, 2026). Como advierte el especialista en telecomunicaciones y ciberseguridad Michael Chong, autor del concepto de «huella del dragón digital», la soberanía en la era digital ya no puede entenderse únicamente en términos territoriales, sino que debe incorporar el control efectivo sobre el ciclo de vida de los datos: quien controla su procesamiento y almacenamiento controla, en un sentido estructural, el futuro informacional de un país (citado en Expediente Público, 2026).

Este patrón no es exclusivo de Ecuador. Empresas como Huawei, Hikvision, Dahua y ZTE han desplegado sistemas de videovigilancia, redes 5G e infraestructura de inteligencia artificial en ciudades clave de Brasil, Colombia, Panamá y Perú, en muchos casos bajo el paraguas de la Ruta de la Seda Digital (Dialogo Américas, 2026b). La organización de derechos digitales Access Now ha señalado a estas compañías chinas como los principales proveedores de tecnología de vigilancia biométrica en la región, advirtiendo que sus sistemas recopilan volúmenes masivos de datos urbanos sin garantizar el cumplimiento de estándares internacionales de transparencia (Dialogo Américas, 2026b). El riesgo no es meramente hipotético: las leyes de seguridad nacional chinas pueden obligar a estas empresas a cooperar con los servicios de inteligencia del Estado chino, lo cual constituye, según especialistas consultados, una vía directa para la intrusión extranjera y la extracción de datos gubernamentales y ciudadanos (Dialogo Américas, 2026b). Países como Costa Rica y Panamá han comenzado a adoptar medidas restrictivas contra proveedores chinos en infraestructura crítica de telecomunicaciones, aunque la mayoría de los países de la región carece todavía de un marco regulatorio equivalente (Martí Noticias, 2026).

Esta dependencia infraestructural es estructuralmente distinta —y en cierto sentido más profunda— que la dependencia meramente comunicacional que caracteriza el caso estadounidense. Mientras que en Estados Unidos la disputa se centra en el control del flujo de contenidos dentro de plataformas de propiedad extranjera, en países como Ecuador, Bolivia o Venezuela la dependencia alcanza a la infraestructura física que sostiene la seguridad pública y la identificación ciudadana: el caso venezolano del «carnet de la patria», desarrollado con tecnología de la empresa china ZTE y que ya supera los dieciocho millones de suscriptores, ejemplifica esta profundización del vínculo entre vigilancia estatal y proveeduría tecnológica extranjera (Ellis, 2022).

Mapa de América Latina con la huella del dragón digital en la seguridad ciudadana: los casos de Ecuador (ECU-911, CEIEC y Huawei), Venezuela (carnet de la patria, ZTE) y la expansión 5G y de videovigilancia en Brasil, Colombia y Panamá.
Figura 7. Vector 1: la huella del dragón digital en la seguridad ciudadana.

4.2 Redes del Frente Unido y el ecosistema Singham en la región

El segundo componente de la arquitectura de guerra política —la existencia de redes organizacionales capaces de amplificar y aterrizar narrativas alineadas con Pekín— también se encuentra presente en América Latina, aunque con características propias. El Departamento de Trabajo del Frente Unido opera en la región a través de asociaciones de la diáspora china, cámaras de comercio binacionales, institutos Confucio y redes académicas que buscan cultivar relaciones de largo plazo con las élites políticas y empresariales locales (The Watch, 2025). Entre 2002 y 2017, el PCCh sostuvo cerca de trescientas reuniones con setenta y cuatro partidos políticos de veintiséis países de la región, un patrón de vinculación que, aunque frecuentemente presentado como «diálogo» o «intercambio de experiencias», funciona como una infraestructura de socialización política que familiariza a los actores regionales con las preferencias de política exterior de Pekín (Small Wars Journal, 2026).

Adicionalmente, la red financiada por Singham —cuyo alcance global fue documentado en el caso «Hands Off Asia!»— tiene una presencia explícita en la región. La propia Asamblea Internacional de los Pueblos fue fundada en 2015 por el Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra de Brasil, y buena parte de su financiamiento se canaliza hacia organizaciones ubicadas en América Latina, África y Asia a través de fondos filantrópicos y entidades intermediarias que dificultan el rastreo de su origen (Insurrectionbarbie, 2026; Foreign Policy Research Institute, 2026). La propia investigación de Newsweek que documenta el caso «Hands Off Asia!» hace referencia a reportajes previos de la misma publicación sobre los vínculos entre organizaciones de la izquierda estadounidense y el PCCh, vínculos que, según estos reportes, también atraviesan estructuras de solidaridad transnacional que incluyen a movimientos latinoamericanos (Tatlow, 2026). Esta convergencia no implica que todas las organizaciones latinoamericanas vinculadas a estas redes actúen como agentes conscientes de una potencia extranjera; como señala Gershaneck (2020), la eficacia de la guerra política reside precisamente en su capacidad de operar a través de estructuras que conservan una apariencia de autonomía y legitimidad local, incluso cuando responden a incentivos financieros y organizacionales externos.

Diagrama de red de la arquitectura opaca del financiamiento: el Departamento de Trabajo del Frente Unido y la red de Neville Roy Singham canalizan fondos filantrópicos hacia organizaciones intermediarias como la Asamblea Internacional de los Pueblos, que aterrizan en movimientos y sindicatos locales.
Figura 8. Vector 2: la arquitectura opaca del financiamiento y la influencia.

4.3 TikTok y la manipulación algorítmica en el espacio informativo latinoamericano

El tercer componente —la amplificación algorítmica en plataformas de origen chino— reviste especial relevancia para América Latina dada la altísima penetración de TikTok entre las audiencias jóvenes de la región. Si bien no existe todavía, hasta donde permite verificar la literatura disponible, un estudio de la envergadura metodológica del realizado por SpringAI aplicado específicamente a narrativas geopolíticas en países latinoamericanos, la evidencia acumulada sobre el comportamiento del algoritmo de TikTok en otros contextos resulta preocupante por su carácter estructural más que coyuntural. Un estudio publicado en Frontiers in Social Psychology documentó que, en el contexto estadounidense, TikTok produce una proporción de contenido pro- PCCh frente a contenido crítico del PCCh muy superior a la que podría explicarse por los niveles de interacción de los usuarios, sin que los propios investigadores pudieran determinar si este sesgo responde a una decisión corporativa deliberada de ByteDance o a un efecto no intencional del diseño algorítmico (estudio citado en el análisis de contenido de TikTok, 2024). Este hallazgo es relevante para América Latina porque, a diferencia de Estados Unidos —donde tras la desinversión forzada por la administración Trump la propiedad de TikTok recae mayoritariamente en un consorcio de empresas estadounidenses, aunque ByteDance conserva el algoritmo y cerca del veinte por ciento de la compañía—, en la región latinoamericana la plataforma opera bajo la propiedad plena de ByteDance, lo cual elimina incluso la capa parcial de supervisión corporativa estadounidense que existe en el mercado interno de ese país (Tatlow, 2026).

La literatura académica sobre desinformación en América Latina, por su parte, ha documentado extensamente el uso de granjas de bots, campañas de amplificación artificial y estrategias de represión algorítmica en contextos electorales de México, Brasil y otros países de la región (Renzullo, 2025). Sin embargo, como señala un estudio reciente sobre la producción académica regional, América Latina se encuentra rezagada en la investigación sobre inteligencia artificial y desinformación en comparación con otras regiones, y buena parte de los estudios existentes se concentran en experiencias nacionales aisladas sin establecer comparaciones sistemáticas entre países o regiones (LatAm Journalism Review, 2026). Esta brecha investigativa constituye, en sí misma, una vulnerabilidad estratégica: sin la capacidad técnica de auditar el comportamiento algorítmico de plataformas como TikTok, los Estados y las sociedades civiles latinoamericanas carecen de las herramientas necesarias para detectar patrones de amplificación anómala equivalentes a los documentados por SpringAI en el caso «Hands Off Asia!».

Comparación entre el contexto estadounidense (mitigación parcial por la desinversión forzada de TikTok) y el vacío latinoamericano (propiedad total de ByteDance y ausencia de capacidad de auditoría algorítmica).
Figura 9. Vector 3: la asimetría en la auditoría algorítmica.

4.4 Narrativas convergentes: bases militares, Taiwán y el «escepticismo hacia Estados Unidos»

El cuarto componente de la arquitectura de guerra política es la existencia de agravios locales genuinos que puedan ser capturados y redirigidos hacia una narrativa favorable a Pekín. En este sentido, América Latina ofrece un terreno particularmente fértil debido a la persistencia de sensibilidades históricas vinculadas al intervencionismo estadounidense en la región, sensibilidades que antecede por mucho a la actual competencia entre Washington y Pekín, pero que pueden ser reactivadas y redirigidas mediante el mismo tipo de arquitectura organizacional descrita en el caso «Hands Off Asia!». El propio investigador Kerry Gershaneck advierte que, en caso de que China intente anexar militarmente Taiwán o territorio de aliados estadounidenses en Asia, es previsible que estas redes de influencia intensifiquen sus campañas de propaganda, disturbios y otras formas de disrupción destinadas a bloquear una eventual respuesta estadounidense (citado en Tatlow, 2026); no existe razón estructural para suponer que América Latina quedaría exenta de una intensificación equivalente, dada la ya consolidada presencia de infraestructura organizacional y tecnológica china en la región.

Un ejemplo concreto de esta convergencia narrativa es la disputa por el reconocimiento diplomático de Taiwán: en los últimos años, República Dominicana, El Salvador y Panamá han trasladado su reconocimiento diplomático de Taipéi a Pekín, dejando a solo ocho países de la región que mantienen relaciones formales con Taiwán (House Foreign Affairs Committee, citado en documento de política pública, 2023). Cada uno de estos realineamientos diplomáticos ha estado acompañado de campañas de comunicación que enmarcan la decisión como un ejercicio de soberanía frente a la presión estadounidense, en lugar de como resultado de los incentivos económicos ofrecidos por Pekín, un patrón discursivo que reproduce exactamente la lógica observada en la campaña «Hands Off Asia!»: la crítica hacia Estados Unidos se articula en términos de defensa de la soberanía nacional, mientras que la creciente dependencia de China rara vez es sometida al mismo escrutinio crítico (Small Wars Journal, 2026).

Dos engranajes que representan el núcleo de verdad —sensibilidades históricas legítimas frente al intervencionismo estadounidense— y su instrumentalización geopolítica mediante campañas de comunicación, con el reconocimiento diplomático de Taiwán como ejemplo.
Figura 10. Vector 4: la captura del agravio genuino y la convergencia narrativa.
Tabla comparativa de la asimetría estructural entre Estados Unidos y América Latina en cuatro dimensiones: presencia de redes de influencia, exposición a manipulación algorítmica, agravios históricos instrumentalizables y control chino sobre infraestructura crítica del Estado.
Figura 11. Diagnóstico comparado: la profundidad de la asimetría estructural.

Sección 5La soberanía de fachada: entre la autonomía declarada y la dependencia estructural

Los hallazgos expuestos en la sección anterior permiten introducir un concepto que resulta central para comprender la vulnerabilidad latinoamericana frente a la guerra política digital: la noción de «soberanía de fachada». Este concepto describe una situación en la cual un Estado conserva la titularidad formal y el discurso público de la soberanía nacional —control sobre su territorio, su seguridad pública y su política exterior— mientras que las capacidades técnicas efectivas para ejercer dicha soberanía, particularmente en el dominio digital, dependen de proveedores tecnológicos extranjeros sobre los cuales el Estado receptor tiene escasa o nula capacidad de auditoría (Expediente Público, 2026). El caso del ECU-911 vuelve a ser ilustrativo: el gobierno ecuatoriano puede legítimamente reivindicar la propiedad formal de un sistema nacional de seguridad ciudadana, pero si el procesamiento de los datos captados por ese sistema, su mantenimiento estratégico y las actualizaciones de su software dependen de proveedores chinos, la capacidad real del Estado ecuatoriano para garantizar la confidencialidad e integridad de esa información —y para resistir presiones externas sobre su uso— se ve estructuralmente limitada.

Síntesis visual de la soberanía de fachada: un edificio institucional (la fachada, con control formal de fronteras y discurso oficial) sostenido sobre un centro de datos (los cimientos, monopolizados por proveedores extranjeros).
Figura 12. Síntesis teórica: qué es la soberanía de fachada.

La noción de soberanía de fachada complementa, en el plano latinoamericano, el diagnóstico más general que ofrece el colonialismo de datos: así como Couldry y Mejias (2019) sostienen que la vida social se convierte en un recurso «que está ahí» para la extracción de las grandes corporaciones tecnológicas, en el caso latinoamericano puede añadirse que la soberanía estatal misma se convierte en una fachada retórica que oculta relaciones de dependencia estructural respecto de infraestructuras controladas por actores extranjeros —sean estos estadounidenses o chinos—. Esta dinámica no es exclusiva de la relación con China: la dependencia latinoamericana de plataformas estadounidenses como Meta, Google o Amazon plantea desafíos estructuralmente análogos en términos de extracción de datos y control algorítmico (Kwet, 2019). Sin embargo, el caso chino presenta una particularidad que merece atención específica: la combinación de infraestructura física de seguridad pública (videovigilancia, sistemas de emergencia) con plataformas de comunicación social (TikTok) y redes de influencia política (Frente Unido, ecosistema Singham) genera una convergencia de vectores de vulnerabilidad que no tiene equivalente exacto en la relación de la región con Estados Unidos.

Esta convergencia es lo que permite hablar, en sentido estricto, de una «guerra política» en el sentido que le otorga Gershaneck (2020): no se trata de fenómenos aislados —una empresa de telecomunicaciones aquí, una organización activista allá, una plataforma de video en otra parte— sino de una arquitectura integrada en la que la infraestructura material, la red organizacional y la plataforma comunicacional operan de manera potencialmente complementaria, incluso cuando no existe una coordinación centralizada y deliberada entre todos sus componentes. Como advirtió Dodeles, de SpringAI, en referencia al caso «Hands Off Asia!», no es necesario probar una intención centralizada para establecer que la responsabilidad por el comportamiento sistémico recae en quienes controlan la infraestructura (citado en Tatlow, 2026); el mismo principio es aplicable, con mayor razón, a un contexto como el latinoamericano, donde el control de la infraestructura física, organizacional y comunicacional se encuentra mucho más concentrado en un número reducido de proveedores.

Diagrama de infraestructura con el principio de que el control sobre el procesamiento de datos —telecomunicaciones, videovigilancia estatal y algoritmos de TikTok— equivale a control geopolítico, incluso cuando la titularidad formal de la soberanía permanece intacta.
Figura 13. El control sobre el procesamiento de datos es control geopolítico.

Sección 6Limitaciones metodológicas y advertencias epistémicas

Antes de derivar implicaciones de política pública, resulta indispensable someter el propio argumento de este ensayo a un escrutinio crítico, en la medida en que el campo de estudio de las operaciones de influencia digital está particularmente expuesto a dos riesgos epistémicos opuestos: la sobreatribución de intencionalidad centralizada y la subestimación de la agencia autónoma de los actores locales. En primer lugar, conviene insistir en que ni la investigación de Tatlow (2026) ni el análisis de SpringAI en el que se apoya afirman haber probado una coordinación deliberada y centralizada entre el Partido Comunista Chino, TikTok/ByteDance y las organizaciones activistas mencionadas; lo que documentan es una correlación estadísticamente anómala entre el desempeño orgánico de ciertos contenidos y su nivel de amplificación algorítmica, además de una coincidencia temática y temporal entre el financiamiento de Singham y el ciclo de vida de la campaña «Hands Off Asia!». Extrapolar de esta correlación una conclusión de control operativo directo por parte del Estado chino sobre cada organización involucrada constituiría una falacia de intencionalidad que la propia evidencia disponible no permite sostener, tal como advirtieron tanto Dodeles como Niven al ser consultados por Newsweek (Tatlow, 2026).

En segundo lugar, y de manera complementaria, atribuir el activismo «antiimperialista» latinoamericano —ya sea la oposición histórica a la presencia militar estadounidense en la región, el escepticismo hacia el Fondo Monetario Internacional o la crítica al intervencionismo de Washington— exclusivamente a la manipulación externa constituiría una simplificación que desconoce las raíces históricas genuinas de estas posiciones políticas, muchas de las cuales preceden por décadas, e incluso por siglos, a la actual competencia entre Washington y Pekín. El riesgo de un análisis como el que propone este ensayo es que, si se aplica de manera indiscriminada, puede terminar deslegitimando cualquier forma de crítica hacia Estados Unidos como si fuera necesariamente producto de una operación extranjera, lo cual sería tan empobrecedor analíticamente como ignorar por completo la evidencia de instrumentalización externa. La distinción analítica propuesta por la literatura sobre desinformación entre el «núcleo de verdad» de un agravio y su «amplificación y manipulación» posterior (Tatlow, 2026) resulta útil precisamente porque permite sostener ambas cosas a la vez: que un agravio puede ser genuino y que, simultáneamente, puede estar siendo instrumentalizado por un actor externo con fines geopolíticos propios.

Finalmente, es preciso reconocer una limitación de orden empírico que atraviesa buena parte de este ensayo: a diferencia del caso estadounidense, todavía no existe, hasta donde permite verificar la literatura académica y periodística disponible al momento de escribir este trabajo, un estudio de amplificación algorítmica de la envergadura metodológica del realizado por SpringAI aplicado específicamente a narrativas geopolíticas chinas en el espacio digital latinoamericano. El argumento desarrollado en la sección anterior sobre la proyección del modelo «Hands Off Asia!» hacia la región constituye, por lo tanto, una hipótesis fundamentada en la convergencia de evidencia indirecta —infraestructura crítica, redes organizacionales, penetración de TikTok, agravios históricos genuinos— y no una conclusión empíricamente verificada mediante el mismo tipo de auditoría algorítmica independiente que sí existe para el caso asiático y estadounidense. Esta limitación, lejos de debilitar el argumento central del ensayo, refuerza una de sus conclusiones de política pública: la urgencia de que la región desarrolle capacidades propias de auditoría algorítmica que permitan convertir esta hipótesis fundamentada en conocimiento empíricamente verificable.

Sección 7Hacia una agenda de soberanía tecnológica: implicaciones de política pública

Del diagnóstico anterior se desprenden varias implicaciones de política pública para los Estados latinoamericanos que buscan preservar su margen de maniobra estratégica frente a la competencia entre Estados Unidos y China, en línea con el espíritu del no alineamiento activo propuesto por Fortin, Heine y Ominami (2023). En primer lugar, resulta indispensable diversificar a los proveedores de infraestructura crítica de telecomunicaciones y videovigilancia, evitando la dependencia exclusiva de un único origen nacional, sea este chino o estadounidense; la experiencia de Costa Rica y Panamá en la exclusión de proveedores chinos de sus redes de telecomunicaciones críticas ofrece un precedente regional que otros países podrían evaluar, adaptándolo a sus propias circunstancias fiscales y técnicas (Martí Noticias, 2026).

En segundo lugar, la región requiere invertir de manera sustantiva en capacidades técnicas propias de auditoría algorítmica, siguiendo el modelo desarrollado por firmas como SpringAI, que permitan a los gobiernos, a la sociedad civil y al periodismo de investigación detectar patrones de amplificación anómala en plataformas como TikTok antes de que estos deriven en movilización política. La brecha investigativa señalada por especialistas en desinformación (LatAm Journalism Review, 2026) sugiere que este esfuerzo debe articularse regionalmente, mediante redes de universidades y centros de investigación que compartan metodologías y hallazgos, en lugar de reproducir el patrón actual de estudios nacionales aislados.

En tercer lugar, resulta necesario que los marcos regulatorios de protección de datos personales en la región —muchos de ellos todavía incipientes— incorporen explícitamente disposiciones sobre la localización y el procesamiento de datos generados por sistemas de seguridad pública, exigiendo a los proveedores tecnológicos, con independencia de su origen nacional, garantías verificables de que el procesamiento y almacenamiento de dicha información permanece bajo jurisdicción y auditoría nacional. El caso del ECU-911 demuestra que la ausencia de este tipo de disposiciones puede traducirse en una brecha entre la soberanía formal y la soberanía efectiva sobre la infraestructura crítica del Estado (Álvarez-Velasco & Vila-Seoane, 2023).

En cuarto lugar, y en el plano estrictamente informacional, los Estados y las organizaciones de la sociedad civil latinoamericana deberían desarrollar protocolos de alfabetización mediática y digital que permitan a la ciudadanía reconocer los patrones característicos de las campañas de guerra política —la convergencia repentina de múltiples organizaciones en torno a un mismo eslogan, la desproporción entre el alcance de un mensaje y su interacción orgánica, la sistemática omisión de crítica hacia uno de los actores geopolíticos involucrados— sin que ello derive en un escepticismo generalizado hacia el activismo social legítimo, cuyos agravios, como se ha argumentado, suelen ser genuinos incluso cuando son instrumentalizados por actores externos (Tatlow, 2026).

Finalmente, conviene insistir en que ninguna de estas recomendaciones debe interpretarse como un llamado a la subordinación automática frente a Estados Unidos en el marco de su propia competencia con China. Por el contrario, coherente con la lógica del no alineamiento activo, el fortalecimiento de la soberanía tecnológica latinoamericana debe entenderse como una condición de posibilidad para que la región pueda, en efecto, ejercer la equidistancia diplomática que este marco propone, en lugar de quedar atrapada en una dependencia estructural que convierte esa equidistancia en una aspiración meramente declarativa.

Escudo defensivo con cuatro pilares de la agenda regional de política pública: diversificación de proveedores de infraestructura crítica, auditoría algorítmica soberana, localización de datos y alfabetización ciudadana contra la manipulación.
Figura 14. El escudo defensivo: agenda regional de política pública.

ConclusionesConclusión

El caso «Hands Off Asia!» documentado por Tatlow (2026) para Newsweek ofrece una radiografía detallada de la arquitectura contemporánea de la guerra política china: una campaña originada en una cuenta de redes sociales, formalizada en un evento organizado desde Pekín, convertida en declaración internacional en una conferencia en Sri Lanka, y finalmente aterrizada en manifestaciones callejeras en territorio estadounidense, con una amplificación algorítmica en TikTok que, según el análisis independiente de SpringAI, excede sustancialmente lo que la interacción orgánica de los usuarios podría explicar. Este ensayo ha argumentado que América Latina no solo comparte con Estados Unidos los componentes organizacional, algorítmico y narrativo de esta arquitectura, sino que posee un componente adicional —la dependencia de infraestructura crítica de telecomunicaciones y videovigilancia de origen chino, ejemplificada en el caso del ECU-911 ecuatoriano— que profundiza su vulnerabilidad estructural.

El concepto de soberanía de fachada, propuesto en este trabajo a partir del diálogo entre la literatura sobre colonialismo de datos (Couldry & Mejias, 2018, 2019, 2023; Kwet, 2019) y los estudios de caso sobre dependencia tecnológica latinoamericana (Álvarez-Velasco & Vila-Seoane, 2023; Ellis, 2022; Expediente Público, 2026), busca capturar precisamente esta brecha entre la titularidad formal de la soberanía estatal y la capacidad técnica efectiva para ejercerla en el dominio digital. Frente a este diagnóstico, el marco de no alineamiento activo (Fortin, Heine & Ominami, 2023) ofrece una orientación normativa valiosa, pero insuficiente si no se acompaña de una agenda concreta de fortalecimiento de capacidades técnicas, diversificación de proveedores y auditoría algorítmica independiente.

En última instancia, la lección más importante que el caso «Hands Off Asia!» ofrece para América Latina no es la necesidad de tomar partido en la competencia entre Washington y Pekín, sino la urgencia de invertir en la capacidad propia —estatal, académica y de la sociedad civil— para identificar, comprender y responder a las operaciones de influencia digital con independencia de su origen geopolítico. Como advierte Gershaneck (2020), Estados Unidos desmanteló su propia capacidad de guerra política al final de la Guerra Fría y todavía no la ha reconstruido; América Latina, por su parte, nunca desarrolló plenamente una capacidad equivalente de análisis y contrainteligencia informacional propia, adaptada a sus circunstancias históricas y geopolíticas específicas. Construir esa capacidad —no para librar una guerra política propia, sino para proteger la autonomía informativa de sus sociedades— constituye, quizás, la tarea más urgente de la agenda de soberanía tecnológica regional en la década que comienza.

Este ensayo no pretende agotar el debate, sino abrirlo desde una perspectiva específicamente latinoamericana que hasta ahora ha sido insuficientemente explorada por una literatura mayoritariamente producida desde Washington, Bruselas o Taipéi. Futuras investigaciones deberían orientarse a la realización de auditorías algorítmicas independientes sobre el comportamiento de TikTok y otras plataformas en el espacio informativo regional, a la sistematización comparada de los vínculos entre organizaciones latinoamericanas y las redes del Frente Unido y del ecosistema Singham, y a la evaluación empírica de los efectos que la dependencia de infraestructura crítica de origen chino tiene sobre la capacidad efectiva de los Estados de la región para ejercer el no alineamiento activo que su propia diplomacia declara. Solo mediante ese esfuerzo sostenido de investigación empírica será posible transformar la hipótesis de la soberanía de fachada, propuesta aquí como marco analítico, en un diagnóstico plenamente verificable capaz de orientar decisiones de política pública basadas en evidencia y no únicamente en la alarma geopolítica.

Cita de cierre sobre un globo terráqueo estilizado: «Construir contrainteligencia informacional no es elegir bando en la nueva Guerra Fría; es proteger la autonomía del pensamiento regional». Al final de la Guerra Fría, Estados Unidos desmanteló su capacidad de guerra política; América Latina nunca construyó una propia.
Figura 15. Cita de cierre: contrainteligencia informacional y autonomía del pensamiento regional.

Cómo citar este ensayo

Chong Pineda, M. (2026). La guerra política digital de China y sus implicaciones para la soberanía tecnológica de América Latina: del caso «Hands Off Asia!» a la vulnerabilidad informacional regional [Ensayo académico]. Centro de Estudios en Estrategia y Políticas Públicas (CEEYPP). https://ceeypp.org/informes/guerra-politica-digital-china-america-latina/

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