Entre las distintas concepciones de seguridad existentes, la que en general ha prevalecido en los países de América Latina es la concepción de seguridad ciudadana.
Se entiende por seguridad ciudadana aquel tipo de seguridad cuya preocupación central es el establecimiento de un estándar de seguridad que permita el libre ejercicio de los derechos ciudadanos.
Su enfoque está puesto en los derechos ciudadanos, tal como su nombre lo indica.
Hay varios conceptos de seguridad. La seguridad pública, centrada en un servicio ofrecido por el Estado y pautada en base a criterios marcados por la ley y por una idea general de seguridad emanada “desde arriba”.
En la seguridad pública hay una derivación inmediata hacia la idea de orden público, entendido como un ordenamiento imperativo que configura una sociedad “como debe ser”.
Las fuerzas de seguridad se encargan del orden público más que del cumplimiento de la ley (law enforcement).
La seguridad nacional es un concepto vinculado a la política exterior de Estados Unidos, con una menos relación con los estudios de seguridad que hacemos en este curso.
La Doctrina de Seguridad Nacional – DNS, elaborada en la inmediata posguerra y pensada para combatir al comunismo se derramó por los países de América Latina dentro de un esquema mundial de orden bipolar rígido.
La seguridad era seguridad de la nación, amenazada por el comunismo internacional y sus partidos nacionales.
Los golpes militares y la violencia política formaron parte del despliegue del concepto de seguridad nacional.
En México el concepto de seguridad nacional sigue vigente hasta el día de hoy, no en el marco del combate al comunismo sino en el combate al narcotráfico.
Interesante dato ya que México es el único país de América Latina que nunca tuvo golpe de Estado en la posguerra.
Políticas públicas de prevención del delito
La seguridad ciudadana enfatiza la conveniencia y necesidad de elaborar políticas públicas de prevención del delito.
Aunque la prevención siempre es mencionada dentro de las concepciones “políticamente correctas” de seguridad, los presupuestos públicos y los esfuerzos institucionales en concreto no les dan mucha importancia.
Las políticas de prevención suponen un abanico amplio de conductas institucionales, varias de ellas no vinculadas directamente con la seguridad. Comienza a ser aceptada la idea de que la seguridad es un concepto amplio que incluye alimentación, salud, higiene, vestimenta y vivienda. Una serie de elementos que constituyen la seguridad humana.
Bajo interés en prevención. Una cierta garantía de ejercicio digno de esos elementos actúa como una buena política preventiva.
La lógica subyacente a la escasa atención a las políticas de prevención del delito tiene que ver con que una política exitosa de prevención impide la comisión del delito y en consecuencia impide la aplicación de la sanción penal y el ejercicio punitivo de la seguridad.
Las fuerzas de seguridad, a cargo concreto de la seguridad, no ven incentivos para ejercitar políticas eficaces de prevención.
Limitaciones de la seguridad ciudadana. A pesar de la aceptación generalizada de los supuestos teóricos de la seguridad ciudadana, la práctica operativa de las fuerzas de seguridad sigue anclada en las rutinas y comportamientos organizacionales e institucionales propios de la pasada seguridad nacional. Por ello es que la corrupción, la criminalidad y la violencia ilegal siguen siendo un problema inherente a las corporaciones policiales en la región. El correcto discurso de la seguridad ciudadana convive con rutinas operativas que no aseguran derechos ciudadanos.
La seguridad ciudadana, a pesar del despliegue y éxito discursivo que representa, tiene limitaciones en el ejercicio concreto de las prácticas de seguridad en los países latinoamericanos.