Dr. Norberto Emmerich
El narcotráfico, aunque tiene amplificaciones internacionales y nacionales, es en esencia una actividad local. Su control territorial y su capacidad de ejercer poder sobre una zona específica suelen darse en espacios reducidos.
A nivel municipal, se materializan las inversiones inmobiliarias de los grupos criminales, se establecen las pistas aéreas clandestinas, viven sus familias y se ubican las rutas de transporte y los puntos de control vial. Además, es en los municipios donde se concentran las cárceles, comisarías y cuarteles que interactúan con esta dinámica criminal.
Existen múltiples indicadores que permiten analizar la presencia del crimen organizado en un municipio. Uno de ellos es la distancia recorrida por los atacantes en un ajuste de cuentas: cuanto mayor es la distancia, mayor es la capacidad logística y de cobertura territorial del grupo criminal.
Un caso emblemático es el de Los Matazetas (hoy Cártel de Jalisco Nueva Generación), que en 2011 se trasladaron de Jalisco a Veracruz para asesinar a 35 presuntos Zetas, demostrando un alto grado de planificación y logística. Actualmente, este cártel es uno de los más poderosos de México.
Otros indicadores clave incluyen:
Dado el papel crucial del territorio en la estructura del narcotráfico, es fundamental que la gestión territorial sea una responsabilidad explícita de los gobiernos municipales, estatales y nacionales.
Algunas estrategias clave incluyen:
Esta gestión transversal del territorio debe integrarse en cada área de gobierno, asegurando que la seguridad no sea solo una cuestión policial, sino un esfuerzo coordinado para reducir el control territorial del crimen organizado y fortalecer la presencia del Estado.